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Que Obligaciones Me Impone El Derecho A La Identidad?

¿Qué aplica el derecho a la identidad? El derecho a la identidad permite que niñas y niños tengan un nombre y una nacionalidad desde su nacimiento. Además, es la puerta a sus otros derechos como el acceso a servicios de salud, educación y protección. En México, al menos 1 millón de personas de todas las edades no cuentan con registro de nacimiento.

¿Qué derechos incluye el derecho a la identidad?

Respecto de los niños y niñas, el derecho a la identidad comprende, entre otros, el derecho a la nacionalidad, al nombre y a las relaciones de familia ‘1. También se refiere allí la Corte a la existencia del ‘derecho a conocer la verdad sobre su propia identidad’.

¿Cuál es la importancia de la identidad de una persona?

Importancia Desarrollar Identidad Personal En el mundo de la psicología el concepto de identidad personal se refiere a nuestro ser, ya que somos únicas/os, diferentes y continuos en el tiempo. Esto vincula con el concepto de mundo interno, que es una de las dimensiones del ser humano. Que Obligaciones Me Impone El Derecho A La Identidad ¿Qué la determina y para qué sirve? Entre los elementos que determinan una identidad personal se incluyen familiares, amigos y personas conocidas ; determinadas costumbres y normas sociales ; la naturaleza de nuestro entorno; e incluso el idioma, ya que por medio de las palabras se transmiten valores, creencias y costumbres de la zona donde uno vive.

De acuerdo al portal, es importante fomentar su desarrollo porque al conocer y creer en ti misma/o, dejarás de subestimarte. Esto puede ayudarte a superar un desafío o a manejar los comentarios de otras personas. Además, vas a ser capaz de controlar tus decisiones porque las tomarás desde tu punto de vista y manejar de mejor forma tus emociones frente a todo lo que haces.

¿Cómo identificar si has desarrollado tu identidad?

Tomas decisiones con confianza porque se alinean con tu identidad y te aceptas por completo. Participas en actividades que nutren tu alma y bienestar. También puedes admitir tus defectos y confiar en aprender cosas nuevas sobre ti misma/o. Puedes individualizarte de los demás y establecer límites. Sabes manejar la adversidad y las incertidumbres, viendo cada desafío como una oportunidad de crecimiento. Entiendes cómo se desencadenan ciertas emociones y puedes reaccionar de forma apropiada.

Establecer límites Establecer límites no siempre es fácil, pero es necesario para desarrollar la identidad personal. La clave es enfocarnos en objetivos y conectarnos con nuestro ser para establecer nuestros valores y creencias. Según, «su sistema de creencias puede ayudarla/o a reconocer lo que más le importa y determinar su posición sobre temas importantes,

¿Cuáles son los elementos que constituyen la identidad de las personas?

La identidad se define como el conjunto de rasgos que te hacen único y digno, y se conforma por aspectos físicos, emocionales y mentales. Esta se nutre al interactuar con distintas personas y grupos a los que perteneces.

¿Cómo se respeta el derecho a la identidad?

El Derecho a la Identidad tiene dos pilares fundamentales para su ejercicio, la identidad jurídica y la identidad biométrica, ligadas a través del identificador único que es la CURP, y así garantizar su unicidad, sin la cual no hay identidad.

¿Cuándo es el derecho a la identidad?

El derecho del niño a la identidad Desde el momento de su nacimiento, toda persona tiene derecho a obtener una identidad. La identidad incluye el nombre, el apellido, la fecha de nacimiento, el sexo y la nacionalidad.

¿Cuáles son los factores que influyen en la identidad?

Los elementos internos y externos como la sociedad, la familia, los seres queridos, la etnia, la raza, la cultura, la geografía, las oportunidades, los medios de comunicación, los intereses, la apariencia, la autoexpresión y los eventos de la vida, influyen en la creación y progresión de la identidad.

¿Qué es la identidad en la adolescencia?

La identidad personal es un proceso de construcción activo de la estructura psíquica que da un sentido de mismidad y continuidad en el tiempo ( Sepúlveda, 2020 ). Esta construcción es un proceso evolutivo que se da durante toda la vida y está en permanente transformación ( Erikson, 1993 ; Guidano, 1994 ; Sepúlveda, 2020 ).

¿Cómo influye la identidad en la sociedad?

La identidad social se muestra como el sentido de pertenencia de un individuo a la sociedad. Adopta comportamientos y formas de pensar, e influye significativamente en la formación de valores cívicos, especialmente la participación en la toma de decisiones ciudadanas.

¿Cuáles son los valores de la identidad?

Los valores morales desde el punto de vista de la identidad Introducción Todas las personas experimentan de distinta forma sus identidades, pero todas experimentan quienes son. Actuamos en el mundo e interactuamos con nuestros semejantes como la persona que creemos ser.

En este ensayo se definirá que la identidad de una persona es la individuación de una persona, la cual nunca podrá ser igual a otra, el reconocimiento del yo, el yo público, el yo real, nuestro yo óptimo y de qué manera pueden influir los valores morales para la formación de nuestra identidad. También se hablara de variantes acerca de la identidad ontológica y auto-reconocimiento, que criticaban algunos filósofos modernos los cuales insistían en que la y el auto-reconocimiento eran elementos necesarios de la identidad humana.

Los valores morales desde el punto de vista de la identidad En las sociedades cerradas, con culturas más estructuradas que la nuestra, ser niño, ingresar a la adultez, trabajar, formar familia, envejecer y morir, son etapas que se viven dentro de un modelo semejante al de los padres, al de los abuelos y a los demás ancestros.

Todos los miembros tienen y mantienen una fuerte identidad comunitaria y sus roles están demarcados por la religión, los mitos y las leyes (Erikson, 1979). En nuestra sociedad actual, el modelo que parece imponerse jerarquiza el cambio y lo nuevo, con un análisis no solamente crítico sino desvalorizado del pasado.

Si se entiende el sentido de la vida como el conjunto de valores para ser y hacer, configurados en la representación de uno mismo en relación con el mundo, en esa inter subjetividad que Mead planteara como los interlocutores internos, el Yo, el Mi y el Otro, la identidad resulta ser una construcción continua, necesaria para elaborar un proyecto de vida.

  1. Esa representación de sí mismo, en interacción con la representación del mundo, es también intención y actitud, tal como señalara Moscovici (1985).
  2. Entre las representaciones y valoraciones de nuestra civilización que han cambiado en los últimos cuarenta años, por lo que mencionaré algunos en este trabajo: • El valor que se le otorgaba al crecimiento y a la madurez: Actualmente ser mayor es un problema de atención y manutención en todo el mundo.

Los conocimientos que se exigen para el trabajo y para la sobre vivencia digna no pasan en su mayoría por la experiencia, sino por el cambio tecnológico, no fácil de actualizar para los mayores. • El valor de la estabilidad de la pareja y de la organización familiar que tenía espacios y tiempos para atender y entender a los más jóvenes y a los más viejos.

Actualmente la televisión es la encargada de educar a nuestros hijos y la provoca poca convivencia familiar. • El valor de elegir el campo laboral de acuerdo a los intereses y a las preferencias: hoy, el desempleo y los cambios de competencias requeridas, limita las elecciones individuales, aumentando la selección del medio (OIT, 2004).

Esto provoca crisis en los de mediana edad que se ven amenazados por las fusiones y los cierres de empresas en un que entra en crisis. Y por lo tanto se cae fácilmente en la falta de valores como es el robar, para no trabajar o matar en el peor de los casos.

  • • La disociación entre ser y hacer (Veinsten, 1994).
  • En ese clima de revisión, las dudas y los miedos afectan a todos los ciclos evolutivos.
  • Los jóvenes saben que al salir de la adolescencia se encuentran ante la demanda de elegir su futuro, la orientación no puede ser solamente vocacional, sino existencial.
  • Se puede decir que los valores morales son aquellos que perfeccionan al hombre en lo más íntimamente humano pero estos surgen por influjo y en el seno de la familia y estos nos ayudaran a insertarnos eficazmente en la vida social.
  • Puede decirse entonces que la identidad personal es el resultado de un proceso de individuación, es decir, de diferenciación de un individuo del resto de las personas.

La identidad social puede ser definida, como el resultado de un proceso de distinción entre un «nosotros» frente a un «ellos», fundada sobre diferencias culturales. Hay dos concepciones sobre el origen de la identidad.

  1. Diversos especialistas identifican dos grandes corrientes de pensamiento acerca de cómo se origina la identidad: una concepción objetivista y una concepción subjetivista.
  2. Los objetivistas: definen la identidad a partir de un cierto número de criterios determinantes, considerados «objetivos», es decir, dados por la herencia y la genealogía, y por eso mismo como atributos del grupo de origen al que pertenece el individuo. Entre estos atributos, algunos de los principales serían: -la lengua -la religión -la psicología colectiva o «personalidad de base»
  3. -las características naturales del territorio.
  4. Los subjetivistas: consideran que la identidad es un sentimiento de pertenencia o una identificación a una colectividad más o menos imaginaria (según las representaciones que los individuos se hacen de la realidad social).

El concepto de identidad tiene diferentes significados y se utiliza en una variedad de contextos que necesitan ser distinguidos para evitar confusiones. Un primer significado de identidad se encuentra en las tradiciones metafísicas escolásticas y aristotélicas que la concebían como uno de los principios fundamentales del ser y como una ley lógica del pensamiento.

  1. El principio ontológico de identidad o de «no contradicción» afirma que todo ser es idéntico consigo mismo y, por lo tanto, una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y desde un mismo punto de vista.
  2. Como una regla del pensamiento lógico, el principio de identidad establece que dos proposiciones contradictorias no pueden ser falsas o verdaderas al mismo tiem¬po y que una idea contradictoria (por ejemplo un círculo cuadrado) no tiene sentido.

Como propiedad de todos los seres, la identidad no depende necesariamente de que un ser particu¬lar sea capaz de reflexión o no. Sin embargo, para muchos filósofos modernos la reflexividad era crucial para la identidad humana y marcaba una diferencia importante con la identidad de las cosas inanimadas y los animales.

Por eso insistían en que la auto-conciencia y el auto-reconocimiento eran elementos necesarios de la identidad humana. Por lo tanto, el problema para ellos era establecer qué era lo que garantizaba el auto-reconocimiento en el tiempo. En muchos filósofos la memoria parece haber jugado un rol fundamental en este proceso.

Así por ejemplo, Locke argüía que «tan lejos como esta conciencia pueda extenderse hacia atrás a cualquier acción o pensamiento pasado, hasta allí alcanza la identidad esa persona». La continuidad de la conciencia: a en el tiempo era crucial para la constitución de la identidad del sujeto, y la identidad importaba porque la responsabilidad moral dependía de ella.

De manera similar, Leibniz sostenía que «el alma inteligente, sabiendo lo que es y siendo capaz de decir este yo que tanto dice, no sólo permanece y subsiste metafísicamente (lo que hace más totalmente que los otros), sino que también permanece moralmente la misma y constituye la misma personalidad.

Porque es la memoria o el conocimiento de este yo lo que lo hace capaz de recompensa y castigo». Debe notarse, sin embargo, que la principal preocupación de estos filósofos no era tanto la identidad en sí misma, como el hecho de que la responsabilidad moral parecía depender de ella.

Por supuesto, si ésta era su preocupación principal, les habría bastado con relacionar la responsabilidad con el auto-reconocimiento, y éste con la memoria; no había necesidad de que hicieran depender la identidad de la memoria y autoconciencia. Puede argumentarse que cualquier individuo humano que pierde su memoria continúa siendo ontológicamente idéntico consigo mismo, aunque no necesariamente moralmente responsable por los actos que no puede recordar.

Sea como sea, el punto es que en ambas variantes; identidad ontológica y auto-reconocimiento, la identidad se reduce a un problema de mismidad individual. El individuo es alguien en particular (un yo) y que puede experimentar su ser con diversas perspectivas o modalidades, como la percepción, la conceptuación y la imaginación.

  1. La estructura del yo está relacionada estrechamente con el éxito de la persona.
  2. Un significado más adecuado de identidad deja de lado la mismidad individual y se refiere a una cualidad o conjunto de cualidades con las que una persona o grupo de personas se ven íntimamente conectados.
  3. En este sentido la identidad tiene que ver con la manera en que individuos y grupos se definen a sí mismos al querer relacionarse -«identificarse»- con ciertas características.

Esta concepción es más interesante para científicos sociales porque aquello con lo que alguien se identifica puede cambiar y está influido por expectativas sociales. Al explorar este concepto de identidad cualitativa, Tugendhat ha destacado el carácter subjetivo de las cualidades que constituyen la identidad y el hecho de que ellas pueden cambiar.

La identidad cualitativa responde a la pregunta acerca de lo que cada cual le gustaría ser. La respuesta a esta pregunta puede estar influida por el pasado, pero se refiere básicamente al futuro. Tugendhat cree que la mayor parte de la literatura sobre identidad, desde los primeros escritos de Erikson hasta los más recientes de Haber mas, ha estado afectada por una confusión entre identidad individual e identidad cualitativa y que sólo esta última es una conceptualización adecuada.

No cabe duda de que la identidad cualitativa provee una concepción más relevante para las ciencias sociales y que la descripción que Tugendhat hace de ella es profunda. Pero esta noción es todavía muy incompleta en la medida que no clarifica cómo y por qué personas distintas se identifican con cualidades diferentes.

  1. Tugendhat propone que las cualidades que constituyen la identidad son lo que Aristóteles llama «disposiciones», que consisten en la capacidad para actuar de una manera particular.
  2. Pero el problema de esta explicación es que la identidad aparece determinada por puros factores internos y subjetivos.
  3. Puede ser verdad, como Tugendhat sostiene, que Erikson confundía dos nociones diferentes de identidad, pero al menos tenía una noción clara de que el medio social juega un rol fundamental en su construcción y de que para contestar la pregunta «¿quién quisiera ser yo?» el juicio de los otros es crucial.

Tugendhat habría hecho bien en darse cuenta, como Erikson, de que no basta el recurso a disposiciones internas. Los tres elementos componentes de la identidad Si la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción, se requiere establecer los elementos constitutivos a partir de los cuales se construye.

Primero, los individuos se definen a sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en términos de ciertas categorías sociales compartidas. Al formar sus identidades personales, los individuos comparten ciertas lealtades grupales o características tales como religión, género, clase, etnia, profesión, sexualidad, nacionalidad, que son culturalmente determinadas y contribuyen a especificar al sujeto y su sentido de identidad.

En este sentido puede afirmarse que la cultura es uno de los determinantes de la identidad personal. Todas las identidades personales están enraizadas en contextos colectivos culturalmente determinados. Así es como surge la idea de identidades culturales.

Cada una de estas categorías compartidas es una identidad cultural. Durante la modernidad las identidades culturales que han tenido mayor influencia en la formación de identidades personales son las identidades de clase y las identidades nacionales. En segundo lugar está el elemento material que en la idea original de William James incluye el cuerpo y otras posesiones capaces de entregar al sujeto elementos vitales de auto-reconocimiento.

En sus propias palabras: «Es claro que entre lo que un hombre llama mí y lo que simplemente llama mío la línea divisoria es difícil de trazar En el sentido más amplio posible el sí mismo de un hombre es la suma total de todo lo que él puede llamar suyo, no sólo su cuerpo y sus poderes psíquicos, sino sus ropas y su casa, su mujer y sus niños, sus ancestros y amigos, su reputación y trabajos, su tierra y sus caballos, su yate y su cuenta bancaria.» La idea es que al producir, poseer, adquirir o modelar cosas materiales los seres humanos proyectan su sí mismo, sus propias cualidades en ellas, se ven a sí mismos en ellas y las ven de acuerdo a su propia imagen.

Como lo decía Simmel, «Toda propiedad significa una extensión de la personalidad; mi propiedad es lo que obedece a mi voluntad, es decir, aquello en lo cual mi sí mismo se expresa y se realiza externamente. Y esto ocurre antes y más completamente que con ninguna otra cosa, con nuestro propio cuerpo, el cual, por esta razón, constituye nuestra primera e indiscutible propiedad».

Si esto es así, entonces los objetos pueden influenciar la personalidad humana. La extensión de esta influencia fue claramente apreciada por Simmel, tanto en el caso de la creación artística de objetos materiales como en el caso del intercambio monetario.

Con respecto a lo primero, Simmel sostenía que «la unidad del objeto que creamos y su ausencia influencian la correspondiente configuración de nuestra personalidad». Con respecto a lo segundo, sostenía que el sí mismo es tan solidario con sus posesiones concretas que hasta «la entrega de valores, sea en intercambio, sea como regalo, puede agrandar el sentimiento de relación personal con esa posesión».

Es a través de este aspecto material que la identidad puede relacionarse con el consumo y con las industrias tradicionales y culturales. Tales industrias producen mercancías, bienes de consumo que la gente adquiere en el mercado, sean objetos materiales o formas de entretención y arte.

Cada compra o consumo de estas mercancías es tanto un acto por medio del cual la gente satisface necesidades, como un acto cultural en la medida que constituye una manera culturalmente determinada de comprar o de consumir mercancías. Así por ejemplo, yo puedo comprar una entrada para ir al cine porque con el cine experimento un placer estético.

Pero también puedo comprar una entrada para el cine a ver una película que no me gusta mucho, para ser visto en compañía de cierta gente que yo estimo importante o de alto status. Puedo comprar un auto especial porque es estético y necesito movilidad, pero también puedo comprarlo para ser vista como perteneciente a un cierto grupo o círculo particular que es identificable por el uso de esa clase de auto.

En otras palabras, el acceso a ciertos bienes materiales, el consumo de ciertas mercancías, puede también llegar a ser un medio de acceso a un grupo imaginado representado por esos bienes; puede llegar a ser una manera de obtener reconocimiento. Las cosas materiales hacen pertenecer o dan el sentido de pertenencia en una comunidad deseada.

En esta medida ellas contribuyen a modelar las identidades personales al simbolizar una identidad colectiva o cultural a la cual se quiere acceder. En tercer lugar, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia de «otros» en un doble sentido.

  • Los otros son aquellos cuyas opiniones acerca de nosotros internalizamos.
  • Pero también son aquellos con respecto a los cuales el sí mismo se diferencia, y adquiere su carácter distintivo y específico.
  • El primer sentido significa que «nuestra autoimagen total implica nuestras relaciones con otras personas y su evaluación de nosotros».

El sujeto internaliza las expectativas o actitudes de los otros acerca de él o ella, y estas expectativas de los otros se transforman en sus propias auto-expectativas. El sujeto se define en términos de cómo lo ven los otros. Sin embargo, solo las evaluaciones de aquellos otros que son de algún modo significativos para el sujeto cuentan verdaderamente para la construcción y mantención de su autoimagen.

  • Los padres son al comienzo los otros más significativos, pero más tarde, una gran variedad de «otros» empiezan a operar (amigos, parientes, pares, profesores, etc.).
  • Mead sostenía que en la relación con cada uno de estos «otros» se forma en una persona una variedad de sí mismos elementales («somos una cosa para un hombre y otra cosa para otro»), pero que si se consideran los otros significativos en conjunto, se puede ver que se organizan en un «otro generalizado» en relación con el cual se forma un «sí mismo completo».

El otro generalizado, está compuesto por la integración de las evaluaciones y expectativas de los otros significativos de una persona. De este modo la identidad socialmente construida de una persona, por ser fruto de una gran cantidad de relaciones sociales, es inmensamente compleja y variable, pero al mismo tiempo se supone capaz de integrar la multiplicidad de expectativas en un sí mismo total coherente y consistente en sus actividades y tendencias.

Por lo tanto, la identidad supone la existencia del grupo humano. Responde no tanto a la pregunta ¿quién soy yo? o «¿qué quisiera ser yo?» como a la pregunta: «¿quién soy yo a los ojos de los otros?» O «¿qué me gustaría ser considerando el juicio que los otros significativos tienen de mí?» Erikson expresa esta idea diciendo que en el proceso de identificación «el individuo se juzga a sí mismo a la luz de lo que percibe como la manera en que los otros lo juzgan a él».

Según Erikson este aspecto de la identidad no ha sido bien entendido por el método tradicional psicoanalítico porque «no ha desarrollado los términos para conceptualizar el medio». El medio social, que se expresa en alemán por el término Umwelt, no sólo nos rodea, sino que también está dentro de nosotros.

  • En este sentido se podría decir que las identidades vienen de afuera en la medida que son la manera de cómo los otros nos reconocen, pero vienen de adentro en la medida que nuestro auto-reconocimiento es una función del reconocimiento de los otros que hemos internalizado.
  • El auto-reconocimiento que hace posible la identidad, de acuerdo a Honneth, toma tres formas: autoconfianza, auto-respeto y autoestima.

Pero el desarrollo de estas formas de relación con el sí mismo para cualquier individuo, depende fundamentalmente de haber experimentado el reconocimiento de otros, a quienes el también reconoce. En otras palabras, la construcción de la identidad es un proceso intersubjetivo de reconocimiento mutuo.

La confianza en sí mismo surge en el niño en la medida en que la expresión de sus necesidades encuentra una respuesta positiva de amor y cuidado de parte de los otros a su cargo. De igual manera, el respecto de sí mismo de una persona depende de que otros respeten su dignidad humana y, por lo tanto, los derechos que acompañan esa dignidad.

Por último, la autoestima puede existir sólo en la medida que los otros reconozcan el aporte de una persona como valioso. En suma, una identidad bien integrada depende de tres formas de reconocimiento: amor o preocupación por la persona, respeto a sus derechos y estima por su contribución.

  1. Simultáneamente, Honneth, argumenta que hay tres formas de falta de respeto concomitantes con las tres formas de reconocimiento que pueden contribuir a la creación de conflictos sociales y a una «lucha por el reconocimiento», en sectores que están de privados de esas formas de respeto.
  2. La primera forma de falta de respeto es el abuso físico o amenaza a la integridad física, que afecta la confianza en sí mismo.

La segunda, es la exclusión estructural y sistemática de una persona de la posesión de ciertos derechos, lo que daña el respeto de sí mismo. La tercera, es la devaluación cultural de ciertos modos de vida o creencias y su consideración como inferiores o deficientes, lo que impide al sujeto atribuir valor social o estima a sus habilidades y aportes.

La reacción emocional negativa que acompaña estas experiencias de falta de respeto (rabia, indignación) representa para Honneth la base motivacional de la lucha por el reconocimiento: «porque es sólo al reconquistar la posibilidad de una conducta activa que los individuos pueden deshacerse del estado de tensión emocional a que son sometidos como resultado de la humillación».

Por último cabe mencionar algunas de las partes de la estructura del «yo»: El concepto del Yo, es la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo que creo que soy. A menudo incluye una estimación o evaluación del yo como «bueno» o «malo». El Yo, es la identidad única y especial, la persona, la personalidad.

  • Nuestro Yo óptimo, es el aspecto de la personalidad considerado por nosotros mismos como lo mejor que podemos crear, ya sea en la intimidad o en público.
  • Conclusión

La identidad de una persona se va adquiriendo a medida que pongamos en práctica los valores morales que nos hayan inculcado en el seno familiar. La identidad es el «yo» real e irrepetible en cada persona, es adquirir la conciencia misma de identidad, las valoraciones de nuestra sociedad o civilización.

  1. La identidad es la que nos puede ayudar o sirve para elaborar un proyecto de vida con la finalidad de mejorarla.
  2. El término estructura del «yo» se refiere a nuestra sensación de identidad.
  3. La estructura de «yo» incluye el concepto del yo (las creencias que tiene la persona sobre el yo), el ideal del yo (la opinión propia sobre cómo debería ser uno), el yo público (la forma como uno desea que otros lo vean) y nuestro yo óptimo.

Los conceptos que de sí mismas tienen las personas influyen de manera importante en sus actos, ya que todos nos comportamos como la persona que creemos y podemos ser. L a imagen que tiene una persona de sí misma está influida por las definiciones que las demás hagan de ella.

Continuamente instruimos a los demás acerca de la forma como deberían percibirnos. El concepto del yo se compone del cuerpo propio, de objetos especiales identificados con el yo. Nuestro ideal del yo es la base de la conciencia, el instrumento para formular juicios morales sobre nosotros mismos. Adquirimos nuestras conciencias al adoptar los preceptos morales de las personas que nos criaron.

Nuestra conciencia, puede ser demasiado estricta, autoritaria e incompatible con la personalidad. Los intereses de la identidad se benefician si una persona examina y periódicamente vuelve a formular el ideal del yo, de manera que la conformidad de éste sea compatible con un modo de vida que fomente la salud tanto física como mentalmente.

  • Fuentes bibliográficas – Álava Curto, Cesar. (2004).
  • Psicología de las Emociones y Actitudes».
  • Editorial Alfaomega. México.
  • Axel Honneth, The Struggle for Recognition (Cambridge: F’olity Press, 1995), pp.118-123.
  • Erikson, Identity, Youth and Crisis p.22.
  • Georg Simmel, Sociología (Madrid: Espasa Calpe, 1939), p.363.

– Georg Simmel, La Filosofía del Dinero (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1976), pp.571. – Goleman. (2000). «La inteligencia Emocional». Editorial. Vergara. México. – Ituarte, de Ardavin. (1998). Adolescencia y Personalidad. Editorial trillas. México, Pág.39,89.

¿Qué pasaría si perdemos nuestra identidad?

¿Por qué es importante trabajar la identidad cultural de cada pueblo? Que Obligaciones Me Impone El Derecho A La Identidad Llega la primavera y con ella la exaltación de paisajes llenos de flores y ríos cargados de vida. Vida que se traduce en multitud de fiestas patronales por todo el territorio rural español: romerías, cruces en mayo, corpus christi, jornadas medievales, hogueras de San Juan y un largo etc. Foto: Cruces de Mayo Almonaster la Real Definimos como el conjunto de,,, y modos de comportamiento que funcionan como elementos dentro de un grupo social y que actúan para que los individuos que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia.

Un sentido de pertenencia que perdura en el ideario colectivo y que pase el tiempo que pase siempre permanecerá en el recuerdo aún no viviendo en el municipio. En un mundo cada vez más globalizado donde internet y la forma de interactuar a través de las redes sociales han abierto el campo del conocimiento y ha permitido conocer nuevas culturas que sin duda han enriquecido tanto socialmente como culturalmente la sociedad, es de vital importancia no dejar de lado nuestra verdadera esencia, nuestro sentido de ser, nuestro origen, nuestra historia, nuestro sentido de pertenencia y con ello nuestros valores y trabajar desde los colectivos y entidades locales en proteger y mantener la esencia de fiestas y actividades culturales como identidad local del municipio.

La pérdida de identidad de un pueblo incide directamente con la falta de arraigo y por tanto con el abandono de los pueblos. Pueblos donde nacimos y crecimos y donde compartimos los primeros años de vida donde la familia, los amigos y el tiempo de ocio fueron clave fundamental en lo que somos como personas.

Valores y modos de conducta que se conformaron en esos primeros años de vida y que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida, vivamos donde vivamos. Conocer de donde venimos como sociedad local para valorar lo que somos y reforzar a nivel colectivo es clave fundamental para conservar la identidad cultural de un pueblo.

A continuación desglosamos aquellos factores que refuerzan la identidad:

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Puesta de valor de la memoria colectiva. Recopilación de información del ideario colectivo valorando a los mayores de la comunidad como fuente de conocimiento y esencia de identidad. Conocer el por que de tradiciones y folclore. El conocer el por que se hacen las fiestas de una determinada manera, su simbología y lo que representa a nivel colectivo para la comunidad es esencial para valorarlas, protegerlas y defenderlas en el paso del tiempo. Identidad cultural en el sistema educativo. Es fundamental trabajar la identidad cultural en la escuela, donde los pequeños conozcan el porque de las fiestas y las vivan como momentos de alegría y devoción de la comunidad y se sientan honrados de recibir tal importante herencia. Fomento y dinamización de jornadas culturales. Que ahonden en la difusión y que eviten la pérdida de las tradiciones tanto para los que viven en los pueblos como aquellos que se acercan a la población y que no entienden el porque de las tradiciones. Aporte social. El ser humano es social por naturaleza y necesita momentos de homenaje tanto a nivel familiar como a nivel colectivo, muchas fiestas patronales tienen figuras como mayordomos, diputados, reinas de la fiestas, miss o mister que son importantes a nivel personal y que refuerzan el sentido pertenencia al pueblo o comunidad.

Como conclusión final me gustaría poner el acento y llamar la atención a la pérdida de esencia que sufren las fiestas patronales y como realmente prima la fiesta por la fiesta y se dejan a un lado la esencia y «los porqué», la pérdida de identidad en las fiestas con el fin de atraer más turistas amenaza la conservación y resta originalidad y sentido de pertenencia a los que realmente las organizan que son los colectivos y entidades locales que permanecen en el territorio durante todo el año.

¿Qué significa tener una identidad?

Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.3.f. Conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

¿Cómo se construye la identidad personal ejemplos?

La construcción de la identidad se realiza a partir de los aspectos que cada uno va percibiendo de su entorno, como pueden ser las ideas, actitudes y comportamientos de quienes te rodean, e incluso, la información que recibes a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

¿Cómo se desarrolla la identidad de una persona?

Atenea N° 506- II Sem.2012: 43-56 ARTICULOS Sobre la construcción identitaria * On the construction of identity María Isabel Toledo Jofré Profesora Titular Facultad de Psicología, Universidad Diego Portales. Santiago, Chile. E-mail: [email protected] RESUMEN El artículo presenta una conceptualización de la identidad desde una perspectiva constructivista.

Explicita una noción de sujeto, define lo que es identidad como un proceso en permanente construcción y lo diferencia de la noción de identidad como pertenencia. Da cuenta de como se construye la identidad, del rol del contexto y de los otros en dicha construcción. Refiere al rol de la reflexividad en la construcción identitaria y la corporeidad.

Palabras clave : Sujeto, subjetividad, identidad. ABSTRACT The article presents the conceptualization of identity from a constructivist perspective. It specifies a notion of subject, defines identity as being in constant construction and differentiates it from the notion of identity as a belonging.

It informs on how identity is built and the importance of context and others in this process. It refers to refiexivity during the construction of identity and corporeality. Keywords: Subject, subjectivity, identity. SOBRE EL SUJETO Durante las últimas décadas nuevas conceptualizaciones sobre el sujeto se han sumado al debate de las ciencias sociales.

A saber, la noción de ‘sujeto instrumental’ refiere a la acción del sujeto que es guiada por una racionalidad utilitaria e instrumental. De ahí que, desligado de limitaciones, de normas sociales que lo restrinjan, el sujeto puede liberarse al juego de la competencia, al culto de la realización.

  • La noción del ‘sujeto narcisista’, construida desde el pensamiento postmoderno, concibe al individuo desvinculado de los discursos colectivos emancipadores.
  • Se trata de un sujeto escéptico en cuanto a los roles que debería asumir, lúdico, frívolo, indiferente a los otros.
  • Aquí se manifesta la idea del agotamiento de las lógicas de acción integrativa y de las acciones colectivas, de donde aparece el individuo consumidor en una sociedad de masas y de medias, que escapa a los códigos de la modernidad, a través de la estetización de su existencia.

La autorrealización y la autonomía animan la acción de este sujeto. También se ha hecho referencia a la noción de ‘sujeto movimiento social’. bajo esta concepción el sujeto no existe como categoría independiente, se ubica en la categoría movimiento social, pues éste encarna a los diferentes sujetos históricos.

Finalmente, se postula la noción de ‘sujeto del sufrimiento social’. Aquí la subjetividad porta las marcas de la dominación social. El sujeto está sometido a la dependencia y al control social, es víctima de la estructura social (Franssen, 1997). Sin embargo, aún falta considerar aquellas producciones que han dado lugar a la sociología del sujeto: el trabajo intelectual que pone como centro la noción de experiencia y la capacidad reflexiva del sujeto.

Aquí, lo que define al sujeto es su capacidad de volver al pasado para interpretar y re-interpretar sus experiencias. De ahí que el foco se sitúa en las relaciones entre el sí mismo (el sujeto) y los otros, en las competencias del sujeto para estructurar sus relaciones sociales y, al mismo tiempo, (re)producir el sistema social (Franssen, 1997).

bajo esta perspectiva aparece la noción de subjetivación como eje central de la constitución del sujeto, la que se refere al trabajo sobre el sí mismo, al ser reflexivo. Entonces, el sujeto es una resultante de la puesta en juego de las relaciones sociales. El sujeto no es un espejo del sistema social.

El sujeto tiene la capacidad de autodefinición: está limitado por las relaciones sociales que lo constituyen, pero también tiene una capacidad de respuesta, de creación, de resistencia. El sujeto actualiza su capacidad de administrar las tensiones entre lo que los otros esperan de él y lo que él espera de sí mismo (Bajoit, 1997).

Esta noción de sujeto adquiere sentido cuando el sujeto se concibe en el mundo del lenguaje, dado que » toda toma de la palabra es constitutiva del advenimiento del sujeto» (De Villers, 1996: 114). Pero, el sujeto del habla es, al mismo tiempo, un sujeto histórico. Es producto de la historia, es heredero de las condiciones de existencia de sus ancestros.

Entonces, la historia permite comprender cómo cada individuo ha sido llamado a ocupar tal o cual posición social (De Gaulejac, 1991), desde la cual construye su entorno y se construye a sí mismo. El sujeto se construye en interacción dialéctica con el entorno donde tiene lugar su existencia.

  • Entonces, sus condiciones de existencia son producto de las experiencias acumuladas por los grupos a través de la historia (berger & Luckman, 1989 en Aznar, 1992).
  • El sujeto interpreta sus condiciones de existencia y, en ese acto, se va construyendo en interacción permanente con el mundo en que habita.

El sujeto crea significados sobre su entorno y se lo apropia, lo transforma o lo hace perdurar en el tiempo. El sujeto no se construye de una vez y para siempre. El sujeto está en permanente interacción con el entorno en el cual existe. Entonces, mediado por el lenguaje, el sujeto aprehende la realidad, que es el producto de la actividad humana objetivada, y produce la realidad, como resultado de su permanente actividad (Aznar, 1992).

  • En esta constante construcción, el individuo es producido por la historia.
  • Su identidad se construye, por una parte, a partir de los acontecimientos personales que experiencia y que forman la trama de su biografía.
  • Por otra parte, su identidad se nutre de los elementos comunes a su familia y a los colectivos a los cuales pertenece.

Así se posiciona como un ser sociohistórico. Sin embargo, si bien la historia actúa sobre el sujeto, no lo determina, porque el sujeto es un ser activo que puede modificar sus prácticas y las estructuras en las cuales se encuentra inserto. Entre el sujeto y las estructuras existe un margen de libertad sobre el cual puede actuar para construir su propia historia.

Sin embargo, para construir su propia historia el sujeto debe tomar conciencia de la forma en que la estructura social y la historia colectiva han actuado sobre sus opciones personales. De esta toma de conciencia podrá desarrollar la capacidad de construir historia. El sujeto también es productor de historias, puesto que cuenta con la capacidad de construir narraciones.

Incluso, puede re-significar su trayectoria (De Gaulejac, 1991), no con el propósito de controlar el curso de la historia sino de otorgarle su propio sentido. Entonces, tiene la capacidad para retornar reflexivamente sobre su pasado, proyectarse en el futuro y transformarse en sujeto histórico (Gallez, 1996).

Por ello, el sujeto es porta dor de historicidad: de la capacidad de intervenir sobre su propia historia. él es el producto de una historia, de la cual él busca llegar a ser sujeto. De este modo, bien se podría afirmar que una vida es una trayectoria en el cual el sujeto se apropia de las relaciones sociales, las interpreta, las re-interpreta y establece otras nuevas.

Por ello, cada sujeto es siempre una síntesis de la historia social del colectivo al cual pertenece y, al mismo tiempo, sus prácticas resultan ser una síntesis de la estructura social en la cual se encuentra inserto. Por tanto, el sujeto asume un rol activo en su relación con la historia y la estructura social.

Lejos de refejar lo social, el individuo lo apropia, lo mediatiza, lo fltra y lo retraduce, proyectándolo en otra dimensión, que corresponde a la de la subjetividad» (Ferrarotti, 1983: 51). El sujeto re-inventa a cada instante lo social y a través de sus prácticas singulariza la universalidad de la estructura social e individualiza la historia colectiva (Ferrarotti, 1983).

En esta construcción a nunca acabar, el sujeto se define a sí mismo como incompleto, por tanto, busca la finitud. Rechaza el mundo tal cual es y actúa para transformarlo, para realizarse como sujeto. Así el sujeto construye su identidad. SOBRE LA IDENTIDAD La identidad se construye en la relación del sujeto con su entorno y con los otros.

Esta afrmación sólo evidencia que la identidad refere a la construcción del sujeto en lo social. Por tanto, la identidad no apunta a la esencia del ser. La identidad no es algo dado, no es fija. no es la suma de características sociales, psicológicas y/o culturales. La identidad no viene dada desde fuera.

Los otros y el entorno son vitales para su construcción. La identidad es una construcción permanente. La identidad «es el yo entendido reflexivamente por la persona en función de su biografía supone continuidad en el tiempo y el espacio: pero la identidad del yo, es esa continuidad interpretada refejamente por el agente» (Giddens, 1997: 72).

Sin embargo, no se trata de un acto refejo sino de la construcción de un concepto de persona, cuyo contenido varía según la cultura (Giddens, 1997). Sin embargo, la identidad no es la misma para todos los miembros de un colectivo (Mucchielli, 2002). La identidad es individual, pero también colectiva. Se construye en la interacción.

Por lo tanto, la identidad no es fija. no se corresponde con la respuesta a la pregunta ¿quién soy? Esta pregunta no tiene sentido desde la perspectiva comprehensiva. Esta pregunta conduce al esencialismo, a una cosificación del sentido de una vida, a la fijación y, por tanto, a la negación de la identidad.

  • Si la identidad es una construcción, la pregunta ¿quién soy? se transforma en ¿quién estoy siendo? en un momento y contexto particular de la existencia.
  • Entonces, resulta más apropiado hablar de construcción identitaria.
  • Referirse a la construcción identitaria implica incorporar la dimensión de trayectoria.

Una continuidad que permite afrmar que alguien a través del tiempo mantiene una igualdad consigo mismo y al mismo tiempo es diferente a otro. Además, el sujeto tiene conciencia sobre su propia existencia. Sabe que es un mismo sujeto a través del tiempo y que mantiene una coherencia a pesar de los cambios que él mismo realiza, los cambios del contexto y de los otros que lo rodean (De la Torre, 2001).

  1. Sin embargo, la identidad no es una categoría empírica.
  2. Ella emerge como respuesta a una acción analítica.
  3. Es un constructo que da cuenta de una manera de existir en el mundo y de la conciencia de esa existencia.
  4. La identidad se refleja en lo que está siendo el sujeto, es decir, la resultante de lo que ha sido y de lo que desea ser.

Por ello, más que definirla, se adjetiva, se le connota y denota. La identidad corresponde al resultado del proceso de apropiación simbólica del conjunto de experiencias que el sujeto encuentra durante su trayectoria vital. Este proceso es vivenciado por el sujeto en tanto actor singular de una situación social determinada.

  1. La identidad es una construcción de la cual el sujeto extrae permanencia y singularidad.
  2. La permanencia refiere a lo que él es, siendo siempre un ‘ser idéntico a sí mismo’ y la singularidad le asegura ser único y no confundirse con otro.
  3. Entonces, la identidad está en el corazón de la individualidad.
  4. Pero, la identidad siempre se construye en relación con un entorno, se trata de una manera de ser y de situarse en un lugar y de relacionarse con los otros sujetos y los colectivos.

Por ello, la identidad constituye una manera de existir en el medio social y define la manera en que el sujeto interpreta la realidad y sus acciones (Chauchat, 1999). Según Serrano (1997), hay que remarcar que la construcción identitaria corresponde a un proceso continuo y progresivo de construcción en la interacción, inestable y jamás acabado.

  • En este proceso el sujeto tiene un rol activo: construye sentidos y se apropia de las experiencias.
  • Asumiendo su rol activo, podrá devenir constructor de su identidad, podrá definir el curso de su historia y de la historia del colectivo al cual pertenece (Gagnon, 1980), podrá asumir su historicidad.
  • Sin embargo, la identidad no es únicamente el resultado de la interacción social.

Ella es » también una realidad subjetiva» (Burkitt, 1991 en Veredas, 1999: 115 ), Es un proceso de construcción de sentido, el más importante y permanente que desarrolla todo sujeto. La identidad es producto de una historia, en tanto requiere del desarrollo de una trayectoria.

Una trayectoria corresponde a la serie de posiciones que en un espacio en incesante transformación va ocupando un sujeto o un grupo en forma sucesiva (Bourdieu, 1994). Por eso, la identidad puede comprenderse como el transitar por marcos institucionales durante el periodo de existencia del sujeto. De ahí que todo sujeto » vive una biografía reflejamente organizada en función de los fujos de la información social y psicológica acerca de los posibles modos de vida» (Giddens, 1997: 26).

Como la trayectoria refiere a un sujeto que se desplaza, la identidad es un producto que emerge en la intersección de los procesos psicológicos y sociales que tienen lugar de los contextos en los cuales está inmerso y bajo el entramado de significaciones compartidas por los colectivos con los que interactúa.

  • Así se integra el sujeto a su cultura (Deschamps, Morales, Páez y Wolchel, 1999).
  • Entonces, en su construcción identitaria, el sujeto muta y transmuta en la dimensión espacio-temporal de su existencia en la medida que vivencia nuevas experiencias.
  • La resultante es un producto singular, una identidad particular.

La identidad emerge en singular como resultante de la intersección de las pertenencias del sujeto a través del tiempo (Serres, 1997). De ahí que la identidad no es igual a la pertenencia. Sin embargo, algunos autores han concebido la identidad como » una cualidad o conjunto de cualidades con las que una persona o grupo de personas se ven íntimamente conectados» (Larraín, 2001: 23).

Entonces, la identidad refiere a como los individuos se definen a sí mismos en función de ciertas características compartidas, a saber: categorías sociales como etnia, religión, nacionalidad; las posesiones materiales y los otros, en tanto grupo del cual se es parte (Larraín, 2001). Entonces, se hace necesario establecer la distinción entre identidad y pertenencia.

Desde la teoría de conjunto, la distinción entre estos dos conceptos resulta evidente. Para indicar la igualdad se utiliza un signo igual (=), mientras que para indicar la pertenencia se emplea una épsilon estilizada (e). El primer concepto refiere a términos individuales y el segundo indica que un elemento es parte de un grupo (un conjunto), es decir, comparte algún elemento o propiedad del grupo (Serres, 1997 en De Villers 2002).

  1. Entonces, no es lo mismo identidad que pertenencia.
  2. En el mundo social, las pertenencias de los sujetos son múltiples y, salvo excepciones, son cambiantes.
  3. Entonces, si una pertenencia se define como identidad, el sujeto quedaría reducido a una sola pertenencia.
  4. Por ejemplo, su pertenencia a la nación chilena, cuando el ser chileno es una de las tantas pertenencias que comparten todos quienes han nacido en el mismo territorio.

Si se hacen colectivas las relaciones de pertenencia y se conciben como relaciones unívocas de identidad, se procede de una manera ajena a la teoría de conjuntos, puesto que se incorporan las relaciones de inclusión y exclusión que no son parte de la teoría de conjunto.

Entonces, se está frente a un error lógico (Serres, 1997 en De Villers 2002). De ahí que la identidad no corresponde a una o a múltiples pertenencias. Más aún, cuando se trata del análisis de la identidad del sujeto, es necesario considerar que es el principio de no identidad de sí mismo con sí mismo lo que hace posible que el sujeto se constituya en un agente histórico que se transforma a sí mismo.

Por ello, su identidad siempre es cambiante (De Villers, 2002). Así, la identidad es un conjunto de significaciones, fijadas momentáneamente, que se construyen en un contexto sociohistórico material e ideacional, más o menos impreciso, en el entramado de pertenencias.

  1. La identidad es, entonces, el sentido otorgado por el actor a su propia condición de sujeto.
  2. Obviamente, los contenidos de las significaciones varían según la posición del sujeto en la estructura social y del momento socio-histórico en que se encuentre (Mucchielli, 2002).
  3. Dado que la identidad es un sentido otorgado por el sujeto a su propia experiencia, la identidad no puede ser compartida.

Cada actor construye su propia identidad, aunque pueda compartir historias, entornos y experiencias con otros miembros de los colectivos a los cuales pertenece. Entonces, existen tantas identidades como sujetos. Si la identidad se construye a lo largo de la existencia del sujeto, la identidad conlleva una historia.

  1. La historia debe considerar sus dos acepciones: la historia como sucesión de acontecimientos y la historia como el relato de dichos acontecimientos (Veyne, 1984).
  2. Además, hay que considerar que la historia no refiere sólo al pasado sino también a la historia que está en construcción, es decir, el futuro (Lebovici, 1979 en De Gaulejac, 1991).

Entonces, el concepto de identidad también connota la noción de proyecto: una identidad actúa como tal para quien tiene un proyecto. Por ello, la identidad varía según los actores y las situaciones consideradas. Ella es plural. En tanto que la identidad es un asunto de significaciones construidas por el sujeto, en función de su propia identidad y de sus proyectos, ella es recursiva.

La identidad no es estática, ni fija. Está en permanente transformación, ya sea por las mutaciones que operan en el entorno y/o los cambios realizados por el propio sujeto, como por los relatos que el sujeto construye sobre su trayectoria vital. Al mismo tiempo, el sujeto modifica las relaciones que establece con su entorno y con los otros que forman parte de él.

Sin embargo, en la mutación y transmutación de la identidad no sólo operan procesos externos. La identidad también es resultante de procesos propios del sujeto de carácter biológico, afectivo y cognitivo que se desarrollan en el marco de procesos relacionales y comunicacionales, históricos y culturales (Mucchielli, 2002).

La identidad no es un constructo empíricamente observable, aunque ella se manifiesta en las prácticas que desarrolla el sujeto y le permite construir un relato particular, un relato sobre su propia existencia. Aunque en ese relato incluye ficción, su narrativa no es del todo ficticia, puesto que dicho relato se construye a partir de las experiencias que el sujeto ha vivenciado en el contexto de su existencia y con los otros que lo rodean.

Se trata de un relato que da cuenta de los acontecimientos que el sujeto ha vivenciado a lo largo de su historia. Por ello, Taylor indica que: » para tener un sentimiento de quienes somos, debemos poseer una idea de cómo hemos llegado a ser y de adónde vamos» (Giddens, 1997: 74).

Entonces, si la identidad es relato, es intriga, es también una construcción de sentidos, cuyos contenidos varían infinitamente, pero está condicionada por las estructuras sociales y los conglomerados de significaciones que regulan las condiciones de existencia del sujeto. Además, hay » aún otras diferencias más sutiles y también más importantes.

Las biografías reflejas difieren en gran medida, de la misma manera que los relatos (en función, por ejemplo, de la forma y el estilo)» (Giddens, 1997). Las biografías reflejas dan cuenta de una construcción de sentidos. Sin embargo, esos sentidos se construyen sobre las acciones de los sujetos.

  • Como señala Giddens, » no somos lo que somos, sino lo que hacemos» (1997: 99).
  • Y para avanzar en la construcción de su sí mismo, en la construcción permanente de la identidad, desde el presente, el sujeto se apropia de su pasado y desde ahí se lanza a sus proyectos futuros.
  • Dado que la identidad es producto de la interacción del sujeto con su entorno, toda identidad es una identidad situada.

Entonces, la construcción identitaria ocurre en un territorio. En ese espacio ya apropiado por otros, el sujeto se constituye en un actor social, en la medida que, tomando en cuenta su pasado, desarrolla acciones con perspectiva de futuro. Las acciones se realizan siempre en relación con los otros que están presentes (de diferentes maneras) en el mismo territorio.

  • También se debe tener presente que ese territorio define –en parte– las posibilidades de acción del sujeto: las favorece, restringe o condiciona.
  • Sin embargo, siempre el sujeto interpreta sus condiciones de existencia, define el sentido y la estrategia de su acción y vuelve a interpretar, a resignificar el territorio.

En ese espacio apropiado y re-apropiado, donde tienen lugar las interacciones que el sujeto establece con los otros y las acciones, se puede asir la identidad situada de un sujeto (Mucchielli, 2002). El sujeto actúa diversas identidades situadas en forma simultánea.

  • No en el instante preciso, pero sí diferenciadas por un breve tiempo.
  • En el tiempo presente se sitúa en relación a los colectivos a los cuales pertenece (Deschamps et al,, 1999).
  • De ahí extrae significaciones momentáneamente compartidas.
  • Y cuando se analiza la identidad a lo largo del tiempo, el sujeto suma la cantidad de identidades situadas que ha desplegado a lo largo de su trayectoria vital (Mucchielli, 2002).

Si la identidad es situada, ella se construye en un territorio donde los otros juegan el rol principal. Esto significa que la identidad se construye en la alteridad. Entonces, el colectivo permite que el sujeto exista, que construya su identidad. Esto acontece porque los otros han estado presentes incluso antes del lenguaje, están presentes durante toda la trayectoria vital del sujeto.

Ellos están presentes como fguras significativas, como referentes culturales, como mitos, como figuras de poder, etc. (De la Torre, 2001). Es por eso que la identidad se construye en y a través de las pertenencias, en los colectivos por los cuales circula el sujeto. Así, los otros, próximos o lejanos, volátiles o permanentes, constituyen un campo de producción identitaria que genera aperturas o restringe las posibilidades de acción del sujeto.

Los otros definen las posibilidades de enriquecimiento de su identidad, puesto que, mientras más experiencias se compartan con los otros, mayor es la expansión de la identidad. La identidad también es la resultante del conjunto de narraciones que circulan en torno al sujeto.

  • Esto, porque las historias vehiculan los significados compartidos por los colectivos.
  • Además, son esas historias sobre el acontecer de la existencia las que permiten las interacciones entre los sujetos y son producto de ellas mismas.
  • Y es a través de las narrativas que el sujeto expresa su identidad a los otros.

Entonces, las narrativas vehiculan proposiciones de identidad que son interpretadas por otros sujetos que portan su propia identidad. Así, » cada identidad es, a cada instante, una emergencia de sentidos, resultante de un conjunto de negociaciones circulares de identidades de cada uno.

Cada identidad encuentra su fundamento, entonces, en el conjunto de las otras identidades que se expresan al interior del sistema de relaciones» (Mucchielli, 2002: 36). Por lo tanto, en la tarea de construcción de su identidad, el sujeto participa de un sistema de relaciones donde se construye a partir de lo que es y en las interacciones que establece.

En ese entramado de relaciones significa y re-significa permanentemente su imagen de sí, porque es en las interacciones socia les donde se engendran las tensiones existenciales que debe administrar. Debe seleccionar los elementos que desea integrar a su identidad y los que desea eliminar, lo que desea transformar.

En esta gestión de sí mismo, en las elecciones sucesivas e inacabadas, se construye el sujeto. Pero antes de integrarlos adecúa esos elementos, los evalúa, los acomoda con el fin de salvaguardar la coherencia y la singularidad de su identidad (bajoit, 1997). REFLEXIVIDAD La construcción identitaria necesita de la reflexividad.

» la identidad del yo no es algo meramente dado como resultado de las continuidades del sistema de acción individual, sino algo que ha de ser creado y mantenido habitualmente en las actividades reflejas del individuo» (Giddens, 1997: 72). Según bruner, la identidad (el yo) se define en función de los significados que le son otorgados, pero también de las prácticas.

  • El significado del Yo’ se alcanza y pone en funcionamiento» (1991: 115) Por ello, la identidad no puede construirse si no entra en acción esta capacidad de reflexión.
  • La reflexividad es, según bruner, » nuestra capacidad de volvernos al pasado y alterar el presente en función de él, o de alterar el pasado en función del presente» (1991: 109).

no se trata de cambiar el pasado en sí mismo, de cambiar lo acontecido, si no de darle nuevos significados a las experiencias que han tenido lugar a lo largo de la historia. Y, en relación al presente y al futuro, la reflexividad permite definir sentidos y acciones a realizar.

Entonces, la reflexividad es siempre interpretación y re-interpretación. Se trata de la acción de autorreflexión o desarrollo de la autoconciencia, como lo nomina Gergen (2006). Se trata de una acción interpretativa que opera independientemente de la capacidad cognitiva, la capacidad discursiva y del territorio en que se encuentre el sujeto.

Lo que se pone en juego es su capacidad de significar y re-significar del sujeto. La acción reflexiva sobre el sí mismo permite tomar conciencia de la unicidad del sujeto y evidencia su dimensión histórica. Es decir, cuando el sujeto se piensa a sí mismo, puede identificar lo que se mantiene de él, pero también aquello que desea transformar y lo que requiere construir.

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Su permanencia y su singularidad se manifestan. Sin embargo, para que la construcción de la identidad se realice, se requiere que la construcción social del yo sea ella misma considerada una construcción (Gergen, 2006). La reflexividad aplicada al sí mismo para avanzar en la construcción identitaria requiere del pensamiento crítico que permita discriminar acciones y significaciones; necesita de la creatividad para dar posibilidad a lo nuevo; reclama de la imaginación para poder proyectar hacia el futuro y exige de la metacognición para articular sentidos y proyectarlos en el tiempo.

Entonces, es la capacidad reflexiva la que posibilita la transformación de los sujetos en constructores de su propia historia, es la que hace posible la historicidad del sujeto. La reflexividad guía las acciones del sujeto en su territorio y con los otros.

Como indica bruner, » el Yo, utilizando su capacidad de reflexión y de imaginar alternativas, rehúye o abraza o re-evalúa y reformula lo que la cultura le ofrece» (1991: 110) Además, hay que considerar que la reflexividad no se limita a lo que se puede asemejar a una descripción del pasado, no trata de construir una representación de la realidad.

La reflexividad implica también una intervención, implica una práctica sobre el mundo (Potter, 1998). Por ello, la reflexividad entendida como un retorno sobre la propia experiencia del sujeto (Steier, 1992), deja de manifesto que la acción reflexiva sobre el sí mismo es siempre una acción transformativa.

Es lo que De Villers (1996) nomina efecto sujeto, el efecto de la subjetivación. La capacidad reflexiva del sujeto aplicada a su propia identidad posibilita la historicidad individual. Lo que significa que el sujeto puede adueñarse de los márgenes de libertad que le permiten las estructuras sociales, para aproximarse más a su propio proyecto de futuro que a las expectativas que los otros trazan sobre él.

Así, el sujeto conducirá su historicidad individual entrelazada con la historicidad colectiva de los múltiples colectivos de los cuales forma parte. La reflexividad operada por el sujeto afecta al cuerpo y a los procesos psíquicos del sujeto (Giddens, 1997).

  1. Por ello, el cuerpo no es un mero depositario o continente de la identidad del sujeto.
  2. CORPOREIDAD Identidad del sujeto y corporeidad son dos dimensiones difíciles de separar, ya que «el yo, naturalmente, está corporeizado» (Giddens, 1997: 76).
  3. La corporeidad no es sólo una materialidad que contiene o donde habita un sujeto.

Tampoco es sólo una fuente de sensaciones placenteras y de aquellas que no lo son. Como otra dimensión del sujeto, la corporeidad es resultante de la acción simbólica del sujeto y de los otros sobre él, es producto de múltiples prácticas que se realizan directa o indirectamente sobre ella y en relación a ella y de diversas significaciones que se le atribuyen –ya sea al cuerpo como totalidad y a sus órganos de forma independiente–.

La corporeidad es un producto más de la acción cultural. Más aún, se puede afirmar que el cuerpo es acción y que la corporeidad tiene particulares implicancias sobre las interacciones que se establecen en la vida cotidiana, puesto que vehicula significaciones y permite desarrollar las acciones que se propone el sujeto.

Además, las significaciones tienen origen en el cuerpo y del cuerpo emanan las significaciones que hacen posible la existencia individual y colectiva de los sujetos (Le Breton, 2002). También se debe considerar que, toda acción que realiza el sujeto –sea individual o colectiva, simple o compleja, cotidiana o excepcional, espontánea o planificada– se hace cuerpo, se corporeiza.

También el territorio donde su existencia tiene lugar moldea y modifica la corporeidad del sujeto. Al mismo tiempo, todas sus acciones necesitan de su cuerpo. Desde la más temprana existencia, desde las primarias exploraciones del niño en el mundo, cuando comienza a tomar conciencia de la existencia de su cuerpo y de sus capacidades, es a partir del cuerpo y con el cuerpo que el sujeto establece su relación con su entorno.

A través de los órganos de los sentidos, el sujeto accede a la experiencia de habitar un territorio y a partir de eso construye interpretaciones sobre lo que ahí acontece y los sujetos que lo pueblan (Le Breton, 2002). Con su corporeidad, el sujeto se apropia del mundo, lo significa y lo transforma buscando materializar sus significaciones y luego es el mismo entorno –material y simbólico– el que moldea su cuerpo.

  • En el cuerpo se manifesta la identidad del sujeto y al mismo tiempo permite su diferenciación de otros sujetos.
  • Como indica Le Breton: «La existencia es, en primer término, corporal» (2002: 7).
  • Además, como el sujeto se inscribe en la temporalidad, la corporeidad no sólo da cuenta de la identidad del sujeto en cada instante sino que también en ella queda plasmada su trayectoria vital.

En el cuerpo se graba la historicidad del sujeto. La corporeidad juega un rol fundamental en el mantenimiento de coherencia de la identidad. Puesto que, a pesar que el relato sobre sí mismo y la corporeidad cambia material y simbólicamente a través del tiempo, se trata siempre de una misma materialidad.

  • El cuerpo es una resultante de la acción reflexiva del sujeto e inversamente, la reflexividad del sujeto actúa sobre la corporeidad, pues éste se ve activado y/o sometido por diversos sistemas abstractos, regímenes corporales y estilos de vida que lo moldean desde el exterior.
  • Si el cuerpo es resultante de un sistema de prácticas mediadas por la reflexividad, el cuerpo integra los significados y prácticas con que se interactúa a cotidiano, las condiciones de vida, los regímenes existentes, los estilos establecidos y los otros posibles de crear.

El cuerpo también está inmerso y cruzado por las construcciones relacionadas con la sexualidad (Giddens, 1997). Entonces, se torna más preciso hablar de corporeidad, pues ésta incluye más que la materialidad. Así, se puede afirmar que la corporeidad es al mismo tiempo resultante y contiene las marcas de las experiencias que ha vivenciado el sujeto.

  1. El cuerpo también es un recurso para marcar y comunicar la identidad y las pertenencias de las identidades situadas del sujeto.
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¿Qué obligaciones tiene el derecho a vivir en familia?

Cuidarte no es opcional. Tus padres, o quienes te cuidan en lugar de ellos, están obligados a garantizar tu crecimiento y desarrollo integral : esto quiere decir que se te respeten todos y cada uno de tus derechos como niño, niña o adolescente que eres.

¿Qué ocurre cuando no se respetan los derechos de los demás?

Cuando un derecho humano no se respeta, protege, promueve o garantiza, lo que su cede es una violación a derechos humanos. Esto implica que alguien ha dejado de cumplir sus obligaciones y con su conducta afectó los derechos de una o varias personas.

¿Qué son los deberes y para qué sirven?

Los deberes son reglas, leyes y normas que regulan nuestra convivencia en la sociedad. Todos los miembros de una sociedad niños, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, tenemos obligaciones para cumplir, al igual que libertades para exigir.

¿Que nos permite la libertad de expresión?

Resumen – Tu voz cuenta. Tienes derecho a decir lo que piensas, a compartir información y a reivindicar un mundo mejor. También tienes derecho a estar o no de acuerdo con quienes ejercen el poder y a expresar tus opiniones al respecto en actos pacíficos de protesta.

El ejercicio de esos derechos, sin temor ni interferencias indebidas, es esencial en una sociedad abierta y justa, en la que se pueda acceder a la justicia y disfrutar de los derechos humanos. Sin embargo, gobiernos de todo el mundo encarcelan a gente de forma habitual —o peor— sólo por alzar la voz, pese a que casi todas las constituciones nacionales ensalzan el valor de la libertad de expresión.

Los gobiernos tienen el deber de prohibir aquellos discursos que promuevan el odio e inciten a la violencia, pero, abusando de su autoridad, muchos silencian la disidencia pacifica con leyes que criminalizan la libertad de expresión. Para ello, se invoca a menudo la lucha contra el terrorismo, la seguridad nacional o la religión.

  • Además, en los últimos tiempos, las autoridades vienen amenazando la libertad de expresión con medidas represivas contra activistas, ONG y personas anónimas que ayudan a la población refugiada y migrante.
  • La tolerancia de los gobiernos frente a opiniones desfavorables y voces críticas es, con frecuencia, un buen indicador de su respeto por los derechos humanos en general.

Amnistía Internacional apoya a quienes alzan la voz pacíficamente, en su propio nombre o en nombre de otras personas: desde periodistas que informan sobre la violencia de las fuerzas de seguridad, hasta sindicalistas que denuncian condiciones laborales deficientes o líderes indígenas que defienden sus derechos a la tierra ante grandes empresas.

De igual forma, defenderíamos el derecho a expresarse pacíficamente de quienes respaldan las posturas de las grandes empresas, las fuerzas de seguridad o el empresariado. Consideramos preso o presa de conciencia a cualquier persona encarcelada sólo por haber ejercido, de forma pacífica, su derecho a la libertad de expresión, y pedimos su liberación inmediata e incondicional.

Dato básico Artículo 19 El derecho a la libertad de expresión está protegido por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

¿Qué es el derecho a la identidad según autores?

ARTÍCULOS ORIGINALES Derecho de identidad y filiación de la niña, niño y adolescente Right to identity, child and adolescent filiation Guadalupe Guisbert Rosado* * Es profesora universitaria de Derecho de las Familias, en la Carrera de Derecho, UMSA.

  • Este artículo es resultado de las investigaciones realizadas como docente investigadora y dentro el proyecto «Publicaciones IIS – Derecho de la UMSA.
  • [email protected] Presentado: diciembre 13 de 2015.
  • Aceptado: 28 de abril de 2016 Resumen En Bolivia hay un grupo altamente vulnerabilizado: las niñas, niños y adolescentes a quienes no se reconoce su identidad y constituyen lo que se denomina la población invisibilizada.

La identidad entendida desde el ámbito jurídico como parte esencial de los derechos humanos, articulado al ejercicio de otros derechos, como el acceso a los servicios básicos, a la participación social y política y en general al derecho de realizarse plenamente como persona.

  1. En ese contexto, pese a los avances con instrumentos nacionales e internacionales de protección de aquella población.
  2. Bolivia aún no garantiza plenamente el derecho a la identidad.
  3. En este artículo el problema que se aborda tiene que ver con los factores sociales y jurídicos asociados al no reconocimiento de identidad y las consecuencias sociales en los niños a quienes se niega su identidad a través del registro de nacimiento, que los acredite como sujeto de derecho del Estado y por tanto con el derecho a ser protegidos por el mismo.

El análisis de esa cuestión toma en consideración el rol que tiene el Estado en la consolidación del derecho a la identidad a través de políticas públicas, las acciones de las instancias operativas en estas labores y las implicaciones del cuerpo normativo internacional como referente para el Estado y la sociedad.

  • El punto de partida es que los niños no son objetos sino sujetos, con problemáticas y expectativas de vida que deben ser atendidas por el Estado, la sociedad y las familias.
  • Palabras Claves: Niñas, niños, adolescentes, identidad, población invisible, derechos humanos, registro de nacimiento, políticas públicas, sujetos.

Summary In Bolivia there is a highly vulnerable group of young people: girls, boys and teenagers whose identities are not recognized and they are the invisible population. The identity known in the legal field as an essential part of the human rights, articulated to the exercise of some other rights such as the access to the basic services, social and political participation even the right to become and perform as a real and full person.

In this context, in spite of the progress with national and international instruments for protecting these people, Bolivia does not fully guarantee the right of the identity. This article addresses the issue that has to do with social and legal factors associated to the nonrecognition of identity and the social consequences in those kids whose identities are denied through the birth registration certifying them as subjects of law of the State and therefore entitled to be protected by the same State.

The analysis of this issue considers the role that the State has to consolídate the right for an identity applying public politics, the actions of the operative institutions in these matters and the implications of the international regulatory body as a reference for the state and society.

  1. The starting point is that children are not objects but subjects with problems and expectations of life that have to be attended by the Government, the society and the families.
  2. Ey words: Girls, boys, teenagers, identity, invisible population, human rights, birth registration, public politics, subjects.

1. Introducción El presente trabajo nace de la preocupación acerca de una cuestión social que afecta a un grupo altamente vulnerabilizado en Bolivia: niñas, niños y adolescentes a quienes el Estado no reconoce su identidad. Si bien desde la psicología la identidad es entendida como autoafirmación y construcción del yo, «la conciencia de sí» (Taylor, 1996), desde la sociología se entiende como el conjunto de rasgos que dan a un individuo o a un grupo cierta forma de ser, construido en el proceso de socialización, desde la perspectiva del Derecho tiene que ver con un derecho vital y básico de las personas, respecto del reconocimiento de su individualidad, su rol y estatus en la sociedad y el Estado, el ejercicio de sus derechos ciudadanos y la posibilidad de realizar plenamente en todas sus potencialidades.

Esto se traduce en registros oficiales y verificables donde figuran: nombre, apellidos, fecha de nacimiento, nacionalidad y filiación con los padres biológicos, adoptivos o a cargo del Estado con nombres y apellidos convencionales. En esa medida, el no reconocimiento de la identidad de las personas que forman parte de una sociedad tiene implicaciones fundamentales en el desconocimiento de los derechos a los servicios y los beneficios que otorga el Estado a los habitantes.

En ese contexto, pese a los avances de los últimos años y a que el Estado boliviano ratificó la mayor parte de los instrumentos de protección de los derechos humanos y de los niños, Bolivia aún no garantiza plenamente el derecho a la identidad. De acuerdo con un estudio realizado por UNICEF en 2015 a nivel mundial, al 78% de los niños menores de 5 años de los países más ricos se les registra al nacer, pero sólo el 49% de los más pobres gozan del derecho a una identidad oficial.

El 79% de los niños que viven en las ciudades tienen su certificado de nacimiento, en cambio en las zonas rurales sólo el 50% tiene el mismo. Para el caso de América Latina y el Caribe el año 2014 se contaba con un registro de nacimientos del 92% de la población. En este artículo el problema que se aborda tiene que ver con los factores sociales y jurídicos asociados al no reconocimiento de identidad y las consecuencias sociales en los niños a quienes se niega su identidad a través del registro de nacimiento, que los acredite como sujeto de derecho del Estado y por tanto con el derecho a ser protegidos por el mismo.

La importante de este abordaje radica en que la mayoría de los países están asumiendo el alcance de considerar a los niños como «constructores de ciudadanía, sujetos de múltiples relaciones, capaces de vivir su vida con sentido, de cuestionarse sobre los asuntos que rodean su existencia y los de las comunidades inmediatas y más generales, y de generar alternativas o proyectos que contribuyan a la superación de las situaciones desfavorables.

Como parte de la estructura social y atender a sus condiciones de vida en el presente en el que confluyen múltiples factores que hacen emerger una forma particular de ser niño o niña, con sus propias problemáticas y expectativas derivadas de los contextos en que construyen sus biografías» (Mieles & Acosta, 2012, pág.206).2.

Metodología El estudio es de carácter analítico y está basado en fuentes bibliográficas, normas nacionales, Pactos y Tratados Internacionales. Asimismo se recurre a documentos, informes y evaluaciones de organismos nacionales e internacionales.3. Desarrollo 3.1 Construcción social de la identidad Desde el punto de vista sociológico la identidad se construye en las relaciones sociales y está en una relación dialéctica con la estructura social, lo que quiere decir que la estructura social produce o modifica la identidad, lo que se objetiva en prácticas jurídicas.

«La identidad constituye, por supuesto, un elemento clave de la realidad subjetiva, y en cuanto tal, se halla en una relación dialéctica con la sociedad. La identidad se forma por procesos sociales. Una vez que cristaliza, es mantenida, modificada o aun reformada por las relaciones sociales. Los procesos sociales involucrados, tanto en la formación como en el mantenimiento de la identidad, se determinan por la estructura social.

Recíprocamente, las identidades producidas por el interjuego del organismo, conciencia individual y estructura social, reaccionan sobre la estructura social dada, manteniéndola, modificándola o aun reformándola. Las sociedades tienen historias en cuyo curso emergen identidades específicas, pero son historias hechas por hombres que poseen identidades específicas» (Berger & Luckmann, 1972, pág.216).

  • Esta mirada de la identidad como construcción social está en correspondencia con la forma de reconocimiento jurídico de la persona.
  • El desconocimiento de este derecho puede dar lugar a lo que en términos sociológicos Goffman llama la «identidad deteriorada» (Goffman, 2006), la situación del individuo inhabilitado para una plena aceptación social, porque carece de los atributos (en este caso de registros o documentos) que le acreditan como ciudadano, parte de una comunidad o sociedad, lo que en la percepción crea los estereotipos acerca de lo que se puede esperar o no de las personas estigmatizadas.3.2 El derecho a la identidad como derecho humano El derecho a la identidad es el reconocimiento del derecho a un nombre, a la nacionalidad y a la personalidad jurídica.

Estos derechos le permiten a un individuo ejercer su ciudadanía, ser sujeto de derechos y responsabilidades, ser reconocido jurídica y socialmente en su singularidad y en su pertenencia a un territorio, una cultura y una familia, sobre cuya base puede acceder y exigir el ejercicio pleno de sus derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales.

  1. Todo ello contribuye a preservar la dignidad personal y colectiva de todas las personas y construir una sociedad democrática.
  2. Se puede afirmar, siguiendo el argumento de las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales del sector (UNICEF, NN.UU., BID, OEA, Plan Internacional, Save The Children, entre otros) que la identidad conforma la esencia del ser humano, simboliza la individualidad de cada uno y la potencialidad de desarrollo personal y social, de las capacidades y aptitudes asignadas y adquiridas, y de ejercer las libertades y los derechos reconocidos por el orden jurídico.

El contar con identidad propia permite diferenciarse a las personas de las demás, con las características propias de la personalidad de cada ser humano, como el de pensar y opinar individualmente, aclarando que la identidad va más allá del hecho de ser diferentes al resto.

Sólo cuando esas características son reconocidas por los otros es posible lograr la individualización y a la vez formar parte de la sociedad. La identidad individualiza, proporciona a las niñas, niños y adolescentes la protección del Estado, de los padres, familiares, vecinos y la sociedad en conjunto de protegerlos y ampararlos.

También reciben la atención de instituciones particulares dedicadas a la prevención, protección y atención de menores, otorgándoles el cuidado y la orientación necesarios para evitar las diferentes formas de vulneración de sus derechos, maltrato y explotación.

El desconocimiento o la ausencia de este derecho generan desigualdad y discriminación, que dificultan o impiden a las personas realizarse plenamente. Esto es así porque el derecho a la identidad está estrechamente vinculado al ejercicio de los otros derechos de las personas. En los niños y niñas, la ausencia de este derecho puede generar transgresiones y violaciones, que en conjunto implica negar sus derechos humanos.

La identidad es sinónimo de personalidad, cuando los progenitores o personas responsables a cargo de los niños no hacen uso de los derechos de identificación y su correspondiente filiación los restringe y les causan perjuicios de los beneficios que ofrece el Estado con la otorgación de la educación y de los servicios de salud gratuitos.3.2.1 El rol del Estado Si se asume que «.el derecho a la identidad consiste en el reconocimiento jurídico y social de una persona como sujeto de derechos y responsabilidades y, a su vez, de su pertenencia a un Estado, un territorio, una sociedad y una familia, condición necesaria para preservar la dignidad individual y colectiva de las personas» (UNICEF, 2010), su negación genera extrema vulnerabilidad y la imposibilidad de recibir protección del Estado y de acceder a beneficios (Corte Interamericana de Derechos Humanos).

En consecuencia el no reconocimiento de la personalidad menoscaba la dignidad humana, daña la condición de sujeto de derechos y vulnerabiliza a los individuos cuando el Estado o los particulares incumplen sus derechos. En las sociedades democráticas es una petición de principio que se afianza tendencialmente la cultura de los derechos humanos, las instituciones públicas y las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos asumen la corresponsabilidad de impulsar los derechos humanos y su práctica.

Pero el rol Estado fundamental tiene que garantizar su pleno cumplimiento y respeto, mediante políticas públicas de difusión y conocimiento por gobernantes y gobernados. Entre ellas está asegurar a la población los medios para tener una identidad verificable.

  • Debe garantizar el funcionamiento y la aplicación de los mecanismos e instrumentos institucionales y normativos del servicio público de registro y certificación de la existencia de las personas y los cambio de su estado civil.
  • En el caso boliviano se desarrolló todo un complejo jurídico de disposiciones e instrumentos respecto del derecho a la identidad.

Las normas bolivianas en general, precautelando los derechos y las obligaciones de las personas, establecen y regulan la necesidad de identificación de cada uno, sea este niña, niño, adolescente o persona mayor de edad, quienes forman parte de la sociedad, la que les reconoce y protege su derecho subjetivo, determinando los aspectos que involucran la identidad individual de toda persona.

La Ley N° 2616, de 18 de diciembre de 2003 establece la obtención del primer certificado de nacimiento en forma gratuita, y convierte los trámites judiciales en administrativos, de tal manera que los errores de registro se resuelven por la vía administrativa siempre que no sean cambios de identidad: «Todo niño o niña, hasta sus doce años, debe ser inscrito en el Registro Civil y recibir el primer Certificado en forma totalmente gratuito y llevar un nombre que no sea motivo de discriminación en ninguna circunstancia» (artículo 97).

En el artículo 98, respecto de los nombres convencionales, indica que «en el caso de niños y niñas de filiación desconocida, dentro de los treinta (30) días del ingreso a instituciones gubernamentales o privadas de atención a la niñez, los Directores de las mismas, solicitarán su inscripción ante el Juez competente y a tal fin consignarán los nombres y apellidos convencionales del niño o niña y, los correspondientes a los padres ficticios, sobre la base de criterios de pertenencia geográfica al lugar de registro».

  • Es evidente que este avance contribuye a disminuir los problemas psicológicos y emocionales que genera la falta de apellido paterno en el desarrollo integral de la niña, niño y adolescente, ahondando muchas veces esta situación el incumplimiento de parte del progenitor de la asistencia familiar.
  • El certificado de nacimiento es fundamental en la defensa de los derechos, por las características de aquél: universalidad, gratuidad y oportunidad.

La primera tiene como efecto el hacer visibles a todos los niños de un país y por tanto incorporarlos a las políticas públicas. La segunda abre las oportunidades para que los grupos que viven en pobreza o en extrema pobreza puedan acceder a la inscripción y en consecuencia a los beneficios a que está obligado a otorgar el Estado a todos los habitantes.

La oportunidad asegura el derecho del niño a su identidad, nombre y nacionalidad y tiene implicaciones en la actualización de las estadísticas nacionales que sirven de base para la formulación de las acciones públicas. «Universal: El registro universal da cobertura y visibilidad a todos los niños y niñas en el territorio de un país, independientemente de su origen étnico, condición económica o ubicación geográfica.

Gratuito: La gratuidad del registro de nacimiento es un mecanismo para conseguir la universalidad y oportunidad. Consiste en que el Estado no cobre tarifas «oficiales» ni «extra oficiales» por servicios de inscripción de nacimiento de tal manera que no agregue otra limitante más para las personas viviendo en la pobreza o extrema pobreza.

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Esta gratuidad puede, en algunos casos, limitarse a los sectores excluidos para que el Estado pueda continuar recibiendo el aporte de las personas que tienen la capacidad económica de contribuir. Oportuno: El registro oportuno es inmediato al nacimiento. El acto de inscribir el nacimiento deberá efectuarse inmediatamente después del alumbramiento ya que esto no sólo asegura el derecho del niño a su identidad, nombre y nacionalidad, sino también contribuye a garantizar la actualización y exactitud de las estadísticas nacionales» (UNICEF, 2010, págs.7-8).

De acuerdo con UNICEF, las principales barreras al registro universal, gratuito y oportuno son: a. Políticas, referidas a la falta de compromiso y la baja valoración que las entidades públicas le asignan al registro de nacimiento, que priorizan actividades como elecciones en la asignación de presupuesto para el registro ciudadano, b.

Geográficas, ubicación, precariedad de las carreteras o vías de transporte y el difícil acceso a las oficinas de registro de las familias de áreas aisladas, indígenas y afrodescendientes, c. Económicas, en cuanto a las asignaciones presupuestarias insuficientes, escasos y limitados e irregulares, dependientes de la voluntad política de los distintos niveles de gobierno.

Asimismo el gasto de tiempo y dinero obstaculiza o impide que las familias realicen las gestiones, d. Legislativas y administrativas, respecto de las inoperatividad de las leyes de registro o dificultad para implementar las acciones administrativas por su complejidad y rigidez, así como la falta de personal técnico, de horarios inapropiados, de publicidad y sensibilización de la sociedad sobre los derechos a la identidad, e.

  1. Sociales y culturales, referidas a la discriminación debido a que los padres carecen de documentos de identidad, reproduciéndose un círculo vicioso que se reproduce generación tras generación.
  2. También contribuyen a esta barrera la poca valoración del registro de nacimiento o la falta de conciencia respecto a los beneficios en los niños y niñas, y algunas tradiciones y costumbres de pueblos indígenas que no registran a los hijos sino después de muchos meses o años y previo cumplimiento de algunos ritos de iniciación.

Además, en cumplimiento del Decreto Supremo N° 27915 de fecha 13 de diciembre de 2004 y de la Ley N° 2616, la Corte Nacional Electoral emitió la Resolución N° 006/2004 respecto del Reglamento de Tramitación Administrativa para la inscripción de nacimientos de adolescentes y mayores de 18 años sin límite de edad, garantizando los derechos a la identidad y la filiación.

  • Con el Decreto Supremo el Estado boliviano intenta superar las desventajas generadas por el no reconocimiento de la identidad, por razones económicas, de accesibilidad y disponibilidad de oficinas.
  • El artículo 1 indica que el objeto es «establecer la inscripción gratuita en el Registro Civil de todas aquellas personas indocumentadas, hombres y mujeres desde sus dieciocho años adelante, sin límite de edad, que no hayan registrado su partida de nacimiento y que sean provenientes de los Pueblos Indígenas, Originarios y Comunidades Campesinas de todo el país, que por razones económicas, accesibilidad y disponibilidad de oficialías de Registro Civil, no han podido efectuar dicho trámite».

También avanza en la definición del procedimiento de inscripción, el trámite administrativo y la gratuidad del primer certificado de nacimiento (artículo 2), así como las tareas que debe cumplir el Gobierno Nacional en la gestión para lograr los recursos necesarios en la inscripción gratuita (artículo 3) y los requisitos en las Partidas de Nacimiento.

  • Para tener una base sobre las disposiciones legales respecto al derecho de identidad y filiación, es necesario hacer una comparación de las Constituciones del Estado de Bolivia anteriores más relevantes para la cuestión, entre ellas las de 1995, 1998 y 2004.
  • La Ley N° 1615 de la Constitución Política del Estado de 6 de febrero de 1995, la Ley N° 2650 de la Constitución Política del Estado de 13 de abril de 2004 y la actual Constitución Política del Estado regulan aspectos de la identidad y la filiación.

Las Constituciones de 1995 y 2004, establecieron la nacionalidad de todas las personas nacidas en el territorio nacional, con lo que implica los derechos y deberes de la nacionalidad boliviana y el cumplimiento del enunciado de que toda niña, niño y adolescente tiene derecho a la nacionalidad.

  • Sin embargo no hacen ninguna referencia a los derechos de identidad y filiación de las niñas, niños y adolescentes.
  • Mientras la Constitución Política del Estado de 2009, plasma los derechos de identidad y filiación en favor de las niñas, niños y adolescentes: «Toda niña, niño y adolescente tiene derecho a la identidad y la filiación respecto a sus progenitores.

Cuando no se conozcan los progenitores, utilizarán el apellido convencional elegido por la persona responsable de su cuidado» (artículo 59 parágrafo IV). El interés superior del niño es la supra protección complementaria a las disposiciones de la Constitución Política del Estado y la normativa reguladora para hacer valer los derechos de los niños.

De esa manera el Estado Plurinacional de Bolivia efectiviza los derechos reconocidos por la Convención sobre Derechos del Niño. «Los tratados y convenios internacionales ratificados por la Asamblea Legislativa Plurinacional, que reconocen los derechos humanos prevalecen en el orden interno. Los derechos y deberes consagrados en la Constitución se interpretarán de conformidad con los Tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Bolivia» (CPE, artículo 13, parágrafo IV).

Asimismo el artículo 60 establece que «el Estado, la sociedad y la familia garantizarán la prioridad del interés superior de la niña, niño y adolescente». Es decir, «la preeminencia de sus derechos, la primacía en recibir protección y socorro, la prioridad en la atención de los servicios públicos y privados y el acceso a una administración de justicia pronta, oportuna y con la asistencia del personal especializado».

El artículo 65 prescribe que «en virtud del interés superior de las niñas, niños y adolescentes y de su derecho a la identidad, la presunción de filiación se hará valer por indicación de la madre o el padre. Esta presunción será válida salvo prueba en contrario a cargo de quien niegue la filiación. En caso de que la prueba niegue la presunción, los gastos incurridos corresponderán a quien haya indicado la filiación».

El artículo 141, parágrafo I establece que «la nacionalidad boliviana se adquiere por nacimiento o por naturalización», con la aclaración definida por el mismo artículo respecto de que: «Son bolivianas y bolivianos por nacimiento, las personas nacidas en el territorio boliviano, con excepción de las hijas y los hijos del personal extranjero en misión diplomática; y las personas nacidas en el extranjero de madre boliviana o de padre bolivianos».

  • Una de los aspectos más importantes señalados por la Constitución es la filiación, establecida en el artículo 65, en virtud del interés superior de los niños, niñas y adolescentes, el derecho que tienen a la identidad y a llevar los apellidos de ambos progenitores.
  • El Estado asume así el papel principal de defensor y protector de los derechos y garantías Constitucionales, determinando que todas las personas gocen de una identidad y filiación; así como del derecho de recibir protección de una familia.

Asimismo en el artículo 65 se encuentra un apartado dedicado a los Derechos de las Familias. Hace referencia a la presunción de la filiación de las niñas, niños o adolescentes, la misma que se efectuará por indicación del padre o la madre, en virtud al interés superior del niño, así como su derecho a la identidad.

La carga de la prueba recae en quien niegue la filiación y la presunción es válida salvo prueba en contrario. Se aclara que en caso de que la prueba de paternidad o maternidad niegue la presunción de filiación, los gastos incurridos corresponderán a la persona que ha realizado o indicado la filiación falsa.

A partir del artículo 65 se puede establecer que es una especie de procedimiento para la filiación, buscando la seguridad de vincular el apellido del presunto padre o madre con el hijo, importando un principio de certeza del apellido que corresponde o una oportunidad probatoria.

A través de la filiación se regulan las relaciones jurídico-familiares en las que se establecen las obligaciones, los derechos y los deberes de los padres hacia los hijos y viceversa.3.2.2 Filiación e identidad La filiación también está asociada a la identidad y permite entenderla mejor en otro de sus componentes.

En todo momento y época, las cuestiones de paternidad y filiación han tenido gran trascendencia e importancia a nivel social. La filiación como «el conjunto de relaciones jurídicas determinadas por la paternidad y la maternidad que vinculan a los padres con los hijos dentro de la familia».

  1. Está inspirada en un criterio de protección a la niñez que se basa en el interés social.
  2. La doctrina establece que la filiación en un principio una relación biológica entre progenitores y descendientes; normalmente se presume la filiación en los siguientes casos: paternidad del marido, establecimiento de la maternidad y la concepción dentro del matrimonio.

Según el jurista Charles Demolombe «la filiación es el estado natural de una persona considerada como hijo, en sus relaciones con su padre o con su madre». Por su parte Planiol señala que la filiación es la relación de dependencia que existe entre dos personas, en virtud de la cual, la una es la madre o el padre de la otra.

Prayones condensa ambos conceptos y establece que la filiación es la relación natural de descendencia entre varias personas, de las cuales unas engendran y otras son engendradas. En el sentido más limitado se entiende por filiación la relación existente entre las personas de las cuales una es madre o padre de la otra.

Entonces, la filiación relaciona a padres e hijos y crea un estado civil, de reciprocidad familiar, determinando derechos y obligaciones emergentes de dicha relación. El 17 de Julio de 2014 entró en vigencia el Código Niña, Niño y Adolescente, señalando en sus artículos 109 (Identidad) y 110 (Filiación), que toda niña, niño y adolescente tienen derecho a un nombre y apellidos y los procedimientos del Servicio Registro Cívico tienen que ser breves y gratuitos.

De esa manera, la filiación como vínculo jurídico origina derechos y responsabilidades en los padres, quienes tienen la obligación de registrar al hijo al momento de nacer o 30 días después, complementando estos derechos con los artículos 41 (Deberes de la madre y del padre), 108 (Nacionalidad), 111 (Filiación judicial), 113 (Obligación en el registro) y 114 (Inscripción gratuita) de la disposición legal.

Toda esta normativa nacional e internacional está articulada desde el enfoque de los derechos y se enlaza con las disposiciones de la Constitución Política del Estado, que determina la coordinación entre los Organismos Públicos, el Ministerio de Justicia, el Órgano Judicial y la Corte Nacional Electoral, con el fin de garantizar, proteger el Derecho de Identidad y Filiación de todas las niñas, niños y adolescentes de nuestro país.3.2.3 Derecho de identidad y políticas públicas De lo anterior se puede indicar que el marco de lo establecido en la Constitución Política del Estado, se debe construir una política pública nacional para el ejercicio del derecho a la identidad y sea la misma inclusiva, intercultural y transparente.

  • Los procesos de documentación de identidad deben estar regidos por los principios de universalidad, gratuidad, accesibilidad, desburocratización y des judicialización.
  • De esta manera el Estado, la sociedad y la familia deberán velar por el interés superior del menor, no sólo a través de la convivencia, sino también a través de las políticas empleadas para su inclusión como sujeto de derechos y el cumplimiento de los mismos para efectivizar su desarrollo integral.

El derecho a la identidad y la filiación de los niños era un privilegio de los hijos nacidos en hogares legalmente constituidos, nacidos en lugares que contaban con oficinas de Registro Civil y además contaban con los recursos que exigía dicha inscripción.

En cambio los hijos nacidos fuera de matrimonio o de madres solteras, pertenecientes a poblaciones alejadas, campesinas, indígena originarias o sin recursos, se encontraban en desventaja frente a la sociedad que les exigía el registro oficial y los discriminaba, en franca vulneración de sus derechos.

En las áreas periurbana y suburbanas todo niña, niño y adolescente sin familia o con familia vulnerables que no pueden o no son inscritos en el Servicio de Registro Cívico, carecen de todos los derechos señalados. Esto significa la pérdida de su identidad oficial, nacionalidad y los derechos que le brinda el Estado, por lo que se convierten en seres humanos invisibles ante la sociedad, con desventajas, vulnerables ante todo tipo de explotación y victima de gente inescrupulosa.

Asimismo, las progenitoras que se quedaban solas o eran abandonadas, tenían que realizar trámites morosos previa espera de la buena fe y voluntad del padre con el fin de hacer respetar los derechos de sus hijos. El padre en muchos casos negaba la paternidad para eludir responsabilidades económico -familiares.

Entonces, para esas madres en desventaja probar la progenitura de sus hijos se tornaba en un trámite burocrático, tedioso y muy difícil. El juicio de investigación de paternidad sin el auxilio de la ciencia era incierto. Únicamente dependía de las declaraciones de testigos y la sana critica del administrador de justicia, siendo un proceso familiar largo y de resultado dudoso, que muchas veces ponía en duda la dignidad de la madre que reclamaba el derecho de su hijo.

Actualmente, con el avance de la ciencia médica que determina el ADN de los padres e hijos, probar la paternidad y maternidad ya no es un problema. Además el proceso está protegido por la ley. El artículo 1 de la Ley No 3934 determina «la gratuidad de las pruebas de ADN realizadas por el Instituto de Investigaciones Forenses dependiente de la Fiscalía General de la República, en las denuncias o querellas en los procesos penales por delitos de violación, abuso deshonesto, estupro tipificados en el Código Penal, cuyas víctimas sean niñas, niños y adolescentes».

Asimismo, señala que la gratuidad de las pruebas de ADN se aplicará en el Derecho de Familia dentro de los procesos de Declaración Judicial de Paternidad y Maternidad; beneficiándose del examen gratuito de ADN todos los niños, niñas y adolescentes de nuestro país.

De esa manera, con la promulgación de la Ley N° 3934 (18 de septiembre de 2009) se tiene un gran avance sobre la protección de identidad y filiación porque ingresa en las tareas los instrumentos de la ciencia y de la técnica, las que se ponen al servicio de la ley. Gracias a disposiciones legales en vigencia, la obtención del certificado de nacimiento es de fácil acceso y rápido con la implementación de la tecnología informática en el Servicio de Registro Cívico como en las oficialías en todos los barrios de los departamentos y provincias, aunque persiste la desventaja de los pobladores de regiones alejadas, de difícil acceso y de zonas periurbanas que no cuentan con los servicios de registro.

Esta situación se agrava cuando falta de información por la inexistencia de señales de radio o televisión en estos lugares. Con la entrega del primer certificado de nacimiento gratuito a la madre o padres, en cumplimiento de las disposiciones legales en vigencia, se garantiza los derechos a la identidad y la consiguiente filiación de las niñas, niños y adolescentes, quienes al ser registrados y contar con el certificado de nacimiento se encuentran protegidos y garantizados en sus derechos, como de los hijos nacidos fuera de matrimonio o de madres solteras, siempre que las mismas sean apoyadas y orientadas a ser respetar los derechos de sus hijos.

  1. Legalmente, desde el momento de su nacimiento toda persona tiene derecho a su identidad y filiación que comprende el registro del nombre, apellidos, fecha de nacimiento, sexo y la nacionalidad, en las oficinas del Servicio de Registro Cívico (SERECI).
  2. Esta identificación es la prueba real de la existencia de una persona en la sociedad, como individuo que forma parte de un todo, con características que le diferencian de las demás.

Esta acción supone el reconocimiento inmediato por parte del Estado de la existencia de la niña o niño y la evidencia de su nacimiento ante la ley. Además su registro permitirá al niño preservar sus orígenes, es decir, las relaciones de parentesco que lo unen a sus padres biológicos, quienes inmediatamente después de su nacimiento tienen la obligación de registrar ante el Oficial de Registro Cívico, señalando a la autoridad encargada todos los datos que corresponden a la individualización del infante registrado.

El reconocimiento del derecho a la identidad mediante la inscripción en el Servicio de Registro Cívico proporcionará al recién nacido la capacidad jurídica de ser ciudadano; es decir ser reconocido como un miembro del Estado de Bolivia, adquiriendo una serie de derechos y posteriormente obligaciones.

El registro de identidad y filiación otorga al niño derechos a acceder a los diferentes servicios de atención médica, garantizando su salud y desarrollo, así como la dotación de alimentos por un año con la afiliación de sus progenitores al seguro de maternidad necesarios para su crecimiento y vitalidad, posteriormente el libre acceso de la niña niño y adolescentes a una educación gratuita supervisada por el Estado y apoyada por el Gobierno Municipal de su ciudad o región a la que pertenece.

Desde el análisis de las políticas públicas se evidencia que el gobierno nacional gestionó ante instituciones de cooperación internacional, los recursos necesarios para la inscripción gratuita; nuestro país fue beneficiado con la cooperación del Programa de Universalización de la Identidad Civil en las Américas (PUICA), creado en el año 2007 en aplicación a lo establecido en la Ley N° 2616, de 18 de diciembre de 2003.

Este programa (PUICA) dependiente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), pertenece al Departamento de Gestión Pública efectiva dentro de la Secretaría de Asuntos Políticos, dedicada a la cooperación y difusión en el área de la Identidad Civil.

Este programa de Universalización de Identidad Civil en las Américas (PUICA) apoya a todos los Estados Miembros de la OEA en la erradicación del sub registro, para asegurar el reconocimiento del derecho a la identidad civil de todas las personas en la región, asistiendo en nuestro país con campañas móviles de registro y sensibilización en las regiones de Norte y Sud Yungas y Provincia Manco Kapac del departamento de La Paz, con la colaboración de la Dirección Nacional de Registro Civil de Bolivia, habiendo logrado hacer efectiva la obtención del derecho a la identidad a más de 15.000 personas, de las cuales la mayor parte es de origen indígena.

En el año 2011 cerca de 6.000 personas resultaron beneficiadas con este programa y sistema de inscripción móvil en las zonas rurales de los departamentos del Beni, Chuquisaca y Potosí. Ambas intervenciones del PUICA fueron financiados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, programa que ha mejorado el derecho a la identidad en estos lugares de poco acceso.3.3 El cuerpo jurídico de protección internacional Los organismos internacionales y los países han construido un corpus juris internationalis que protege los derechos de los niños y niñas.

  1. Los Pactos y Tratados Internacionales respecto de los derechos humanos, resalta el derecho a la identidad, al nombre y a la nacionalidad como el umbral para garantizar la realización de todos los demás derechos.
  2. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Asamblea General de las Naciones Unidas, 16 de diciembre de 1966), establece que todo niño tiene derecho a ser inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tener un nombre (artículo 24.2), y a adquirir una nacionalidad (artículo 24.3).

Instituye que todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica (artículo 16). La Convención sobre los Derechos del Niño (Asamblea General de las Naciones Unidas, 20 de noviembre de 1989), indica que los Estados se comprometen a respetar el derecho del Niño a preservar su identidad, nacionalidad, nombre y relaciones familiares (artículo 8), y el debe de los Estados Partes de adoptar todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos por la Convención.

Fue ratificada por Bolivia mediante Ley No 1152 de fecha 14 de mayo de 1990. La Convención Interamericana de Derechos Humanos (San José de Costa Rica, 22 de noviembre de 1969), define las obligaciones de los Estados sobre el derecho a la identidad: artículos 3 (derecho a la personalidad jurídica), 18 (derecho al nombre) y 20 (derecho a la nacionalidad).

El derecho al nombre fue ratificado por Bolivia mediante la Ley N° 1430 de fecha 11 de febrero de 1993. Asimismo el artículo 9 de la Convención sobre Eliminación de toda Forma de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, 1979) menciona la igualdad de las mujeres en relación a la nacionalidad de sus hijos.

El artículo 29 de la Convención Internacional sobre Trabajadores Emigrantes y sus Familias (1990), establece los derechos de los hijos de trabajadores migratorios a tener un nombre y una nacionalidad.3.4 Los niños, niñas y adolescentes invisibles El incumplimiento de las normas anteriormente mencionadas, asociado a factores institucionales, políticos, económicos, sociales y/o culturales, entre ellos a la falta de orientación a las familias, la ubicación de las viviendas en regiones alejadas donde no hay oficinas de registro civil, la carencia de recursos económicos o porque forman parte de grupos étnicos: «Los niños y niñas de grupos étnicos tienen mayor probabilidad que cualquier otro grupo de ser excluidos de los servicios de registro a causa de su bajo nivel de educación, altos niveles de pobreza y barreras lingüísticas y geográficas, así como de la gravísima discriminación e intolerancia cultural que padecen» (UNICEF, 2010, pág.10) Según las cifras que manejan especialmente instituciones no gubernamentales hay todavía una gran cantidad de niñas, niños y adolescentes que no figuran en ningún documento o páginas oficiales del Estado.

Son los «niños invisibles», que significa: no hay constancia legal de su existencia. La invisibilidad no quiere decir que físicamente no puedan existir y tratar de sobrevivir sino que lo son en el sentido de que la gente y el Estado no los «ven» como sujetos sino objetos, como anormalidades, a quienes no es posible integrarlos a la sociedad.

Estos niños sin hogar o de hogares disfuncionales, con problemas de alcohol y drogas, de zonas periurbanas, de regiones alejadas y pueblos campesinos, indígenas u originarios, sin recursos económicos y sin orientación tienen que enfrentarse a la exclusión y a la discriminación, caldo de cultivo de conductas agresivas e incluso antisociales.

Como no existe prueba jurídica de su existencia (registros, censos, diagnósticos) la violación de sus derechos pasa desapercibido para la sociedad y en el futuro puede generar el aumento de grupos marginales y anómicos. Aquellos niños cuya identidad no es reconocida de manera oficial no disponen de un documento y ante la imposibilidad de demostrar su nombre y edad, no pueden beneficiarse del régimen de protección de menores.

Por ello es que la falta de documentación tiene consecuencias terribles y muchas veces irreparables sobre todo para los adolescentes, que corren el riesgo de ser considerados y juzgados como adultos. No cuentan con el debido proceso porque los administradores de justicia no tienen acceso a conocer la verdadera identidad del juzgado.

Al carecer de identidad, es difícil la defensa de sus derechos fundamentales y como consecuencia se vean expuestos a la discriminación, la explotación laboral y la estigmatización. Están obligados a efectuar trabajos deshonestos o en contra de su voluntad poniendo en riesgo su integridad al ser víctimas de personas inescrupulosas y muchas veces pierden su libertad.4.

  • Conclusiones El derecho a la identidad es la llave para el ejercicio de otros derechos, como los civiles y políticos, económicos, sociales y culturales.
  • La ausencia del reconocimiento de la identidad de las niñas, niños y adolescentes tiene efectos colaterales muy graves para la sociedad, encontrándose condenados a vivir al margen de la sociedad, sin ninguna oportunidad para avanzar, integrarse o realizarse como personas al igual que el resto de los otros niños.

Por lo general estos menores viven en el seno de familias pobres y marginadas, lo que acentúa su exclusión, ya que no son tratados como ciudadanos de pleno derecho. El resultado es que estos niños, cuyo proceso de socialización es inapropiado, como adultos tienen dificultades para integrarse adecuadamente a la comunidad y la sociedad, por lo que con frecuencia desarrollan prácticas y sentimientos disfuncionales e incluso de anomia y desviación social.5.

Recomendaciones La cuestión de la identidad es de suma importancia en las sociedades, que se presenta especialmente en países donde no se ha consolidado aún la cultura de defensa de los derechos humanos. La identidad no es un registro de antecedentes penales o prontuario policial como algunas veces se piensa desde las instancias públicas, sino parte de los derechos fundamentales de las personas y en especial de los niños, niñas y adolescentes que debe ser abordada mediante políticas públicas integrales que comprometan la participación personal e institucional, de las instancias públicas y privadas, de las familias y de las organizaciones sociales.

Hay varias acciones que el Estado y sus instituciones deben desarrollar al respecto, entre ellas la difusión de los Derechos de Identidad y Filiación de las niñas, niños y adolescentes y su registro correspondiente, especialmente en las zonas periurbanas, suburbanas y rurales, en regiones alejadas de difícil acceso; en las familias con problemas de alcohol, droga, sin recursos económicos o niños y adolescentes sin familias; en regiones donde no existe o no llega la información por los medios de comunicación, donde la gran mayoría de mujeres jóvenes tienen temores o desconocen los derechos de sus hijos de llevar un nombre y los apellidos de sus progenitores.

El trabajo de difusión, concientización y ejecución debe ser desarrollado conjuntamente con las subalcaldías, juntas vecinales, programas de apoyo a las madres y adolescentes, con acciones de orientación, brindándoles el asesoramiento legal correspondiente y potenciando sus capacidades personales como ciudadanas, de hacer respetar y reconocer los derechos de sus hijas e hijos.

Las tareas operativas deben ser desarrolladas por el personal del Servicio de Registro Cívico (SERECI) con formación académica y profesional de servicio con compromiso y responsabilidad, coadyuvada por instituciones sociales en favor de quienes necesitan y se hallan desprotegidos por el desconocimiento de sus derechos.6.

Bibliografía Berger, P., & Luckmann, T. (1972). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. Gaceta Oficial de Bolivia, Ley No 1152 de fecha 14 de mayo de 1990. Gaceta Oficial de Bolivia, Ley N° 1430 de fecha 11 de febrero de 1993. Gaceta Oficial de Bolivia, Constitución Política del Estado de 6 de febrero de 1995.

Gaceta Oficial de Bolivia, Ley N° 2616 de 18 de diciembre de 2003. Gaceta Oficial de Bolivia Decreto Supremo N° 27915 de 13 de diciembre de 2004. Gaceta Oficial de Bolivia, Constitución Política del Estado, 7 de febrero de 2009. Gaceta Oficial de Bolivia Decreto Supremo N° 11, 19 de febrero 2009.

Gaceta Oficial de Bolivia Código Nina, Niño y Adolescente. Ley N° 548 de 17 de julio de 2014. Gaceta Oficial de Bolivia Decreto Supremo N° 216 de 22 de julio de 2009. Gaceta Oficial de Bolivia Código de las Familias y del Proceso Familiar. Ley N° 603 de 19 de noviembre de 2014. Goffman, E. (2006). Estigma.

La identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrortu. Mieles, M.D., & Acosta, A. (2012). Calidad de vida y derechos de la infancia: un desafío presente. Taylor, C. (1996). Fuentes del yo. Barcelona: Paidós. UNICEF (1996) Convención Americana Sobre Derechos Humanos, Pacto de San José de Costa Rica.

¿Qué es la identidad según la ONU?

Es la suma de todas sus cualidades, creencias, personalidades, apariencias y las formas de expresarse.

¿Que se entiende por identidad personal?

Identidad personal e identidad social – La psicología reconoce en la identidad de cada individuo dos campos diferenciados, pero complementarios: la identidad personal y la identidad social. La identidad personal es el conjunto de rasgos característicos de un individuo, como sus actitudes y habilidades, su carácter, su temperamento, sus virtudes y sus carencias, todos los cuales permiten que este se diferencie de los demás y reconozca su individualidad y su personalidad.

La identidad social o colectiva, en cambio, es aquella según la cual una persona, al pertenecer o sentirse afín a determinados grupos sociales (espirituales, nacionales, profesionales, laborales, etc.), asume un conjunto de rasgos o atributos propios de esta comunidad, lo cual ayuda al individuo a forjar o definir el concepto que tiene de sí mismo y de su lugar en la sociedad.

Vea también:

¿Qué es Identidad? Identidad social Personalidad

Cómo citar: «Identidad personal». En: Significados.com, Disponible en: https://www.significados.com/identidad-personal/ Consultado: